El drama.
Historia que comenzó como un idilio, perfecto, lleno de aromas, venturas, imaginación, utopía. Todo era realizable, todo era acorde al perfecto canto de dios. Pero, uno de los dos, no tenía contemplado el gran criterio del amor. El amor no era el mismo criterio para ambos. Para ella, era un círculo pequeño, una mirada furtiva, una lágrima tonta, una descarrilada historia sin fundamentos, sin cimientos, sin futuro, por culpa de un pasado que ha venido cargando, por haber depositado las grandes sinfonías de su corazón en uno que no valía la pena, en analfabetos emocionales; y por eso, después de eso, se le cerró el criterio.
Dios me mandó un día, y no quería hacer caso del mandamiento de mi amor por ella. Cuando me di cuenta, había ganado su criterio. Y entonces fue un drama.
Ella preferió vivir la misma historia, y destruir mi existencia. Sin querer mi presencia por siempre jamás en su vida, ahuyentando cualquier afecto. Qué miedo, qué terror amar, qué destreza que no puedo operar. El amor ya no existía. Hizo el amor con otro hombre, a otro le miró a los ojos y a otro le canto su alma.
Yo, sólo era daño colateral, un pasatiempo, una distracción, una burla para su seducción, para sus encantos, un tonto, un triste juguete de su destino, que podía tirar a la basura cuando ella gustase, sin pensar en repercusiones futuras. Dice que ama al destino, que ama el mundo y no puede lidiar con la furia de dios.
Tal vez por eso, se ha empeñado tanto en querer lastimarme.
Tal vez por eso finge demencia de haberme conocido. Que me decía que al menos quería mi amistad, migajas, y que yo acepté y después, era yo un muerto que no podía jamás ver. No me quería ver, nunca más. Para ella yo estaba muerto. Ella me mató en vida, y con esa indiferencia he tenido que seguir existiendo, implorando un amor nuevo, otra mujer, alguien posea el mismo criterio que yo, que quiera amar como yo, que quiera crecer en amor como yo.
Y no ella, no esa indiferente mujer, que terminó matando mi vida en su conciencia.
Erick Xavier Huerta S.
Dios me mandó un día, y no quería hacer caso del mandamiento de mi amor por ella. Cuando me di cuenta, había ganado su criterio. Y entonces fue un drama.
Ella preferió vivir la misma historia, y destruir mi existencia. Sin querer mi presencia por siempre jamás en su vida, ahuyentando cualquier afecto. Qué miedo, qué terror amar, qué destreza que no puedo operar. El amor ya no existía. Hizo el amor con otro hombre, a otro le miró a los ojos y a otro le canto su alma.
Yo, sólo era daño colateral, un pasatiempo, una distracción, una burla para su seducción, para sus encantos, un tonto, un triste juguete de su destino, que podía tirar a la basura cuando ella gustase, sin pensar en repercusiones futuras. Dice que ama al destino, que ama el mundo y no puede lidiar con la furia de dios.
Tal vez por eso, se ha empeñado tanto en querer lastimarme.
Tal vez por eso finge demencia de haberme conocido. Que me decía que al menos quería mi amistad, migajas, y que yo acepté y después, era yo un muerto que no podía jamás ver. No me quería ver, nunca más. Para ella yo estaba muerto. Ella me mató en vida, y con esa indiferencia he tenido que seguir existiendo, implorando un amor nuevo, otra mujer, alguien posea el mismo criterio que yo, que quiera amar como yo, que quiera crecer en amor como yo.
Y no ella, no esa indiferente mujer, que terminó matando mi vida en su conciencia.
Erick Xavier Huerta S.
Comentarios
Publicar un comentario