El amor revuelve, resurge, excita, imprime, da, comparte, experimenta y destruye.
El amor desgasta, el amor enseña que la magia también es robada. El amor surge de la intención, de la necesidad, de la imaginación. De mi amor, han surgido escenarios, mundos nuevos, cariño y pasión por existir para alguien, para ella, para una. Y pensamos, pienso, muchas cosas. Pienso, escribo, deseo, rezo, pido a las estrellas el amor a una piel, a ella. A esa. A una que se asemeja a la que podría ser mi mujer. Pero se aleja, rompe el corazón, no acaba por existir para mí, es una aparición, una imagen que se desvanece en la realidad. Ella hace sus cosas, ella se va, y me deja solo, me deja teniendo que lidiar con olvidarle, con hacer otra cosa más fuerte por distraerme, por centrar mi atención en encontrar a otra qué amar. El amor resurge, no tan fácil, menos en corazones fuertes, leales, hasta la muerte. Y ya que la viste, no puedes dejar de adorarla. Pero ella vuela, sabe ir a otros confines, mi amor y mis pensamientos la hacen más fuerte.
»Ya no pienses en ella» me dijo, alguna vez, una vidente. Porque yo la hacía más fuerte, yo le había otorgado el poder de destrozar mi corazón. Y mientras ella avanzaba, y conseguía méritos y disfrutaba su vida, yo me quedaba contemplando su éxito, su avance, su fuerza; miserable, como siempre, yo ante ella.
Y luego busque, busque entre nubes, y llegue a otras tierras y me volví a ilusionar. Y nuevamente, regalé mis fuerzas, para que ella, esa otra, triunfara, se fuera, que sea más grande que yo.
Por eso me enojé con mi destino y abandone este mundo. Me fui de viaje a ser otro, a olvidarme de eso, de mis palabras, de mis escritos, de mis ilusiones. Porque habitaron mi corazón, fueron reinas en ese terreno pero me hurtaron y me quedé vacío.
Ahora deambulo en los cielos, buscando luz, transformándome, mutando, en ser el ser, en ser la luz, en ser el brillo, en ser la iniciativa diferencial, el cambio, el creador, el confín, el mundo, el universo, lo basto, lo grande, lo inalcanzable. Allá me recogerá mi amor, porque lo he traído de vuelta, y me vuelve a reconstruir, y vuelvo a nacer, y vuelvo a ser, para ser, para existir, para vivir, para sentir, para dar y compartir la grandeza del brillo en mi pecho, de la fuerza que motiva a la creación, porque todo emana, todo soy, parto del inicio y voy al fin, después, vuelvo a ser todo.
El amor revuelve, resurge, excita, imprime, da y comparte, experimenta, y destruye. Y por eso soy, y por eso externo, explico, creo, vivo, puedo y corro;
por mi sangre, en la tierra, en la vida, en el más.
Erick Xavier Huerta
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