Deporte en Chiapas
Creo que fue el gran Óscar Wilde quien celebró la frase: "haría cualquier cosa por recuperar la juventud, excepto hacer ejercicio".
Cabe mencionar que estoy completamente en desacuerdo con ese pensamiento.
Lo que a mí me gusta es hacer ejercicio, porque me siento vivo, limpio mi aura, es la única manera en que he llegado a sentir una aproximación enorme a Dios. Fluye la energía de forma inmensa y se inmiscuye en un universo lleno de ideas y creatividad, me quedo en blanco, y siempre se refuerza mi voluntad.
Esta vez me acompañó mi hermano. Tengo capacidad de convocatoria. Pasé mucho tiempo esperando mi oportunidad para competir en triatlón, y cuando mejor rendimiento tuve, no pude hacerlo. Pero en fin, dicen que los tiempos de Dios son perfectos. Por algo sucede, ahora voy rumbo al ironman, por ello necesitaba probar fuerzas y condición, y para eso sirvió la ruta palenque en Chiapas.
Al llegar, el aire no era común, respiraba yo algo majestuoso, bello, y no había nada, estaba simplemente en el aeropuerto.
En Palenque, las inversiones llegan, hay más dinero, cambian calles, construyeron una ciclo vía, y se parece el pueblo mucho a Guerrero y a Michoacán. Comparten tradiciones. la gente de allí es muy amable y las mujeres son muy bellas. Pienso en las novias que debió haber tenido Porfirio Díaz y Benito Juárez, sé que ellos eran de Oaxaca, pero también debieron pasear por allí.
Me gustó mucho el viaje. Recuperé mis energías. Mis tenis no funcionaron muy bien, de hecho me lastimaron la piel de mi tobillo. Me di cuenta que mi bicicleta ya me era insuficiente y necesitaba algo mejor. También me di cuenta que fuerte estoy, pero obviamente me hace falta afinar más velocidad y resistencia, pero eso sólo se hace entrenando, sin rendirse jamás.
Mi hermano y yo vivimos un infierno desarmando las bicicletas de regreso. El mecánico del evento las apretó de más dejándonos una tarea maratónica hasta alcanzar un taller de bicicletas el mismo día que regresábamos al distrito federal. Y es horrible después de hacer un triatlón olímpico, ponerse a jalar sin tener resultados de poder quitar unos simples pedales. Pero ya aprendí la lección. Debo comprar herramienta adecuada para facilitar el desarme.
En la carrera, sólo los olímpicos nos adentramos a una parte en la selva, y subimos montaña, cosa hermosa y maravillosa, que creo que las plantas hicieron que recobrara energía allí. Me imagino pero creo que al salir de allí nuevamente a la luz, me hizo renacer. Nunca me había sentido así. Iba muy adolorido antes de la competencia, y después de eso la energía recorrió mi cuerpo como una bendición, como magia que me hacía sentir un tipo uy muy especial, en el centro del universo, con poderes metafísicos, como alquimista que puede hacerlo todo. Fue maravilloso.
Incluso tenía un rostro al llegar a Palenque, antes de la competencia, bastante difuso, no me reconocía, no me sentía yo. Me sentía perdido. Y ahí, recobré mi identidad. Volvía a nacer, volví a reafirmar mi misión, mi fuerza, mi voluntad, mi coraje, mi sueño, la posibilidad de poder hacerlo todo, y que en los próximos, días, meses y años, tenga los momentos inciertos que sorprendan a mi vida para verla alegre.
Fui a las cascadas de Agua Azul, y ahí conocí a un niño que se llamaba Gonzalo, que sólo por su coraje, carisma y voluntad, me quedé a comer allí entre los otros lugares donde también tenían gente persuadiéndote de quedarte en su lugar para tomar alimentos. Pero sólo Gonzalo me convenció, y es que el tipo era un vendedor sagaz, podría vender cualquier cosa. Me vendió la experiencia de quedarme allí, además era uno de los pocos lugares donde tenían café a la vista y una máquina que parecía muy sofisticada.
Gonzalo hacía de todo, servía café, vendía, atendía las mesas, presionaba en cocina, servía los platillos y al mismo tiempo regresaba con los transeúntes para convencerlos de que su servicio era el mejor. Y mientras estábamos allí convenció a unos alemanes donde una mujer hablaba perfectamente español y le preguntó a Gonzalo si sabía escribir desconfiando de su intención al hacerlo para tomarles la orden. Después le presionaron para que sirviera rápido los platillos porque tenía prisa. Había una mujer joven, de los alemanes, bastante hermosa, con unas piernas muy largas, bellas, una figura asombrosa y sus pies apuntaban hacia mí. Dice mi hermano que eso hacen cuando tienen interés en ti. Pero ya no lo sabré, porque no hablo alemán y nuestros destinos se veían presionados por distintas circunstancias.
En fin. Yo pregunté el nombre de este chico sagaz, y me dijo que se llamaba Gonzalo, el mejor vendedor de allí. Todo un gran gerente, que seguramente, por eso pregunté el nombre, en el futuro se hablará de él, en cualquier ámbito en el cual esté interesado. Me pareció un genio y me preparó un capuccino como en pocos lugares pudiesen hacerlo. Digo, no cualquiera prepara todo tipo de café. Gonzalo sabía hacerlo todo. Y por eso le dejé propina.
Y entonces subí a las cascadas, pero no tocamos mucho el agua ni nos metimos a nadar por la presión del tiempo y para conocerlo todo. Entonces subimos hasta arriba. Cosa maravillosa.
Cosa que nunca olvidaré.
Chiapas.
Erick Xavier Huerta
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