Azules que se aproximan

En el universo, en el manto negro, en el espacio, en la nada, habita algo, surge una pequeña luz, un pequeño destello color azul, azules de todos los matices, claroscuros, reyes, celestes. En el universo, mis voces fueron escuchadas muy a lo lejos, mucho en la distancia. El amor no quedó visitando las nubes, se fue de este mundo a vagar por la eternidad hasta alcanzar ese pequeño espacio, ese lugar tan negro, donde no se mira nada, donde todos habríamos de tener miedo. 

Allí, mi voz que construye y recrea mi imaginación, abunda de expresar mis sueños, mis ganas, mi visión del mundo, de mi vida bajo las aspiraciones más sinceras de mi corazón por amar, de forma inigualable, presumiendo estar listo para trascender en el acto de nuestro destino. Y en los sueños, que me ocurren en tierra, se avizoran nuevas estrellas. Es la estrella azul que nace, allá a lo lejos y que comienza viaje trayendo hasta acá, las peticiones, la magia, la realidad, la forma más pura para fluir en escenarios de amor. De pureza, de canto, de fulgor, en una de las más bienaventuradas historias jamás contadas, que no se redimen a estructuras sólidas, al fatalismo se saber qué pasará, de lo que deviene, de lo que pueda yo imaginar, porque es la sorpresa, la vida, mi vida, mi suerte, mi fuerza, mi iniciativa por nunca conformarme con ser lo que soy, para transformarse hasta el final de los días de este cuerpo perecedero en tierra. 

Oh, llueve, llueve en mi destino, y el techo es morado, el cielo púrpura, abunda la espera de los azules, que vendrán a sembrar la abundancia, el oro, que será entregado al destino, pasos fuertes que siempre vienen creciendo, recorriendo valles y protegiendo a los más débiles, voz defensora de la justicia, voz defensora de lo que honra, de lo que enaltece y hace progresar. Voz defensora del mundo, de la naturaleza, del hombre y su proeza. Voz que llama al amor, voz que clama la vida, la colorida, a la que ama, a la que nombra, a la que le visita en los sueños, a la que descubre sorpresas. Voz que viste y construye, voz que recuerda, voz que surge en palabras, que se imaginan, voz que es verdad, voz que levita, que medita, que trasciende, que adquiere la voluntad mayor, la que nunca se rinde, la que navega y se adapta en todos los mundos posibles. Voz que vive y que existe para expresar, para entender, para conocerse y comulgar. Voz que aclama la belleza del mundo, del caos en el que navegamos, de los soles alrededor, del calor que viene y que surte a todo para que demos y veamos y sintamos vida. 

De esta voz, otras voces susurran que la conocieron, que la anhelaron tocar, sentir más de cerca, para ver más la verdad, en los sonidos milenarios, que quedan, que viven en el tiempo, que concluyen nuestra historia, entre la humanidad, nosotros, la vida. 

Erick Xavier Huerta S.

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