Un hombre y su fe
Se me olvidó que seguía transcurriendo el mismo año, lejos de la tierra, de la familia, de las mismas voces, algunas muy recurrentes; de la misma experiencia, de la familiaridad del cielo. Y ahora, ahora todo ha cambiado. El cielo es más gris y aquí, escasea el brillo del sol. Hace frío, hay mucha nostalgia, la soledad deambula por las calles, y mi vida se pierde en el tiempo. Hoy, la distancia física sólo es metáfora de los pasos que deben continuar para llegar al centro de mi ser, porque es el deber de mi viaje. Es el deber de mis pasos, mi experiencia, mi vida, mi intención. Anhelar, anhelo, profundamente. Son tiempos en que debo tener una ferviente oración, una profunda reflexión sobre la muerte que conlleva mi sol. Este sol se ha ido, y mis memorias, mis experiencias han sido iluminadas por el. Debo ser agradecido, porque he vivido. Adiós, a la historia de este sol, y ahora nace uno nuevo. Mi cuerpo cambia constantemente. Mi mente cambia, y eso, eso duele. Duele moverse, ...