TRUMP, POLÍTICA FICCIÓN


TRUMP, POLÍTICA FICCIÓN

No es parecido a Obrador, ni ha vivido sus mismas circunstancias. Su cultura de éxito se basa en la cultura del sueño americano. A pesar de ser hijo de la fortuna de América, Trump ha sabido continuar el legado de su familia. Existen muchos hijos que arruinan las fortunas de sus padres. Trump ha sabido maximizar sus recursos y ahondar en distintos terrenos del poder y del ámbito del ser humano en la sociedad. Ha incursionado en la literatura, en la línea de libros de superación personal. Pueden criticarlo, pero muchos han comprado sus libros para saber un poco más cómo ser exitoso, cómo tener ese pensamiento de poder trascender y lograr tus sueños. Son las bases del sueño americano, y Trump lo sabe. Amigo de políticos, empresarios, artistas y líderes; Trump se ha movido en las grandes esferas del poder y de la farándula.

No obstante, su nombre ha sonado para contender por la presidencia desde que era muy joven. Pero ahora, ahora es el malo. Ahora catalogan a este hombre como un empresario voraz, un maldito racista, un infeliz emprendedor. Un hombre que atenta contra la humanidad y contra el buen ejercicio de la política menospreciada por todo el mundo.

La política vive una crisis mundial. En la humanidad, la política es un oficio menospreciado, de poco valor. Si sueñas y si lo intentas en tu vida, querer ser político será en automático un referente para la sociedad, una etiqueta que llevarás en tus hombros, significando ser corrupto para todo el mundo, no importa lo que hagas.

Trump no ha vivido una grave crisis por no pagar impuestos (agresión además que deviene del estado) o de estafar como hicieran los empresarios de «Enron», que además fueron graduados eméritos de Harvard.

Trump conoce cómo ser una marca, cómo vender, cómo lograr ser consumido, como mucho también ha presumido de saber el experto mercadólogo Vicente Fox, que ahora critica a Trump y que tal vez, por esa sapiencia que él dice que sabe, busca contrarrestar ese poder mediático del que tanto sabe Trump.

A Obama, justamente, también le criticaban de promocionarse como una nueva marca, de vivir acompañado de los artistas y del favor de Hollywood, que nuevamente se pronuncian a favor del partido demócrata en una cruzada mundial de medios de comunicación en contra de Donald Trump por frenar a un supuesto dictador que acabará con el mundo.

Pero habría que preguntarle a los amigos de Trump, qué piensan de él. Incluso Trump posee la madurez política para estar en esos terrenos. Sin ninguna preocupación de saberse como hipócrita, saluda a Hillary Clinton en los debates. Por supuesto en el tercero, no lo hicieron ambos. Pero Trump ha convivido con Hillary, ha sido un amigo con ellos, y se han pasado momentos agradables. Así lo podemos constatar en las fotografías, en la historia, en el mundo que les ha acompañado a ellos que han estado en las altas esferas de la sociedad.

Trump, quería enfrentarse con Clinton. Era su objetivo. Y lo logro.

Trump, llegó como un outsider en el partido republicano, pronunció un discurso polémico que ha durado ya más de un año en boca de todo el mundo. Ese discurso que pronunció cuando apenas anunció que iría como pre-candidato en el partido republicano, donde un México sensible resintió sus palabras por aludir a los paisanos que cruzan la frontera en busca de una vida mejor. Y aquí, los que gustan que paisanos y más paisanos se vayan por culpa de la pobreza que tiene nuestro país, culpan a Trump de pronunciarse en favor de cuidar su país y su frontera.

Ahora parece que la mayoría del mainstream está muy de acuerdo en poseer un mundo y una frontera libre donde transitemos todos en paz y en armonía cuando eso nunca ha existido. Los Estados Unidos consumen drogas vorazmente y gustan de vendernos armas al por mayor para seguir financiando una guerra contra el narcotráfico que derrama mucho dinero. La guerra, sí, contra el narcotráfico, también genera negocio.

Todo es negocio, por eso los políticos se han corrompido.
Todo es marca, consumo, y ahora todos se espantan cuando Trump sigue el juego del sistema y lo evidencia con tanta claridad, que provoca que la mayoría se pronuncie con miedo, a favor de que digan la verdad con matices, con ciertos límites, no con tanta contundencia y fuerza, porque sino, hay sensibilidad.

Ahora, en México, todo el grupo del mainstream quiere buscar palabras con razón, oportunas, buenas, positivas, armónicas, hermosas. Se espantan de que en Estados Unidos el candidato Trump diga con fuerza que se debe vigilar de cerca y revisar a todas aquellas personas que han entrado sin documentos oficiales para pertenecer a esa patria. Sin embargo, en México, gozamos de una cultura de corrupción que a los políticos les hace vivir en un mar de pensamientos tontos que les provoca decir sandeces, tonterías, estupideces, y por ende, mostrar gobiernos ineficaces. Pero, al parecer, se ha sido más severo con un tipo que ha sido transparente, que es de otro país, y que además ha sido muchísimo más productivo que cientos y miles de políticos que todos los días siguen apareciendo en nuestras esferas, en México, más racistas incluso, que el propio Trump, enemigo de todos.

Ahora todos parecen ser rectos, justos, incluso los periodistas, que muchos de ellos han ayudado a que los corruptos continúen en sus esferas, que mientan y que no logren ser cuestionados y criticados al mismo nivel que ha pasado con Trump.

Posicionan, mediaticamente, a Clinton como un redentor de la sociedad norteamericana, a favor de las economías de las familias latinas, hispanas, de todos los americanos. Pero Clinton, amigos, ha sido parte de la misma hipocresías que le critican a todos los políticos. Ha estado en las grandes posiciones y fue secretaria de estado, misma que en esa función no logró generar los consensos para conseguir la anhelada reforma migratoria. Casi una década pasó de la gran prioridad de Obama por conseguir esa reforma, pero ahora, nuevamente, vienen a endulzar los oídos con esos discursos para conseguir votos, para ahora, sí, pensar que se podrá conseguir.


Y no muchos señalan, que en el partido demócrata, no hubo mucha democracia. El Señor Presidente, Barack Obama, destapó desde el principio a Hillary, y la eligió prácticamente bajo un dedazo, al puro estilo priísta.

Hillary Clinton además, gozó del favor del apoyo de todo el ejecutivo federal del país más poderoso de los Estados Unidos de Norteamérica. Y muchos artistas han tenido que salir a defenderla porque va abajo en las encuestas.

Vicente Fernández, Los Tigres del Norte, artistas de México, de talla internaiconal se pronuncian a su favor, aunque nunca sabremos cuánto les estarán pagando por ese apoyo político. Incluso se han burlado los medios de comunicación de la enorme austeridad de Trump por no gastar en su campaña. Es decir, nuevamente la hipocresía social, el juego del mercado, el juego del consumo, el juego capitalista de la política. Buscamos ser redentores espirituales, los justicieros del mundo que buscan escuchar la palabra adecuada, correcta, en la política fina, natural, de clase, cuando en la práctica sucede otra cosa. Otra cosa, como, la exigencia ciudadana de ya no observar cómo gastan indiscriminadamente los partidos políticos en sus promociones. Como gastan en comprar conciencias. Y Trump, al que critican como a un tonto, le tienen miedo.

¿Por qué le tienen miedo a Trump?

Han dicho que perdería desde el principio la candidatura republicana. Qué él solo acabaría con su campaña. Pero ha sucedido todo lo contrario.

Hillary Clinton, contendió con el favor absoluto de Barack Obama y compañía; pero un pequeño rebelde, viejo, desvalorizado por sus condiciones de género, edad y de ideas políticas, Bernie Sanders, acabó por asustar al régimen. Y muy al contrario de esa disputa desigual y poco, muy poco demócrata por la falta de participación política que se vio en un juego de enormes contrastes de poder, Donald Trump sí se enfrentó a una cargada y fuerzas políticas republicanas, consolidadas, con capacidad y fuerza.

Rápidamente podemos citar a políticos fuertes en ese partido como Ted Cruz y Marco Rubio, a los que Trump ganó.

Trump ha ido sumando apoyos de grupos empresariales y políticos. Han declinado a su favor. Le ganó a la decena que buscó la candidatura republicana. Ganó. Declinaron a favor de él. A Trump le apoya le hermano del mismísimo Obama y le apoya Rudolph Giuliani, protagonista y hombre clave en el atentado que sufrió Nueva York con las torres gemelas.

Giuliani fue persona del año en la revista Time, y además se le conoció muy pronto bajo el “título” de “el alcalde del año”. Ahora es parte de la campaña de Trump, al igual que el Dr. Ben Carson, personaje respetado por la comunidad científica.

Trump es amigo del autor de “padre rico, padre pobre” best seller, que la mayoría han comprado para buscar su independencia financiera. Me refiero a Robert T. Kiyosaki, que también ha colaborado con Trump para producir más libros. Es decir, Trump ha sido emprendedor, pro activo, sin conformismo, pero como en toda campaña política, se buscan los errores, acentuarlos y eliminar a la persona, como en este caso sucede. Pero Trump no arriesgará todo lo que le queda para que sea en vano. Está en juego su reputación y hay una masa política y de activismo que le respaldan.

Las campañas, y lo saben muy bien nuestros líderes de opinión y demás actores políticos; se tratan de emociones. Tú no puedes conseguir votos con sólo razonar con la gente. Se trata de emocionar y de muchas otras cosas más donde influyen trabajos de mercadotecnica, semióticos, discursivos, etc. Pero al final, rondan alrededor de la emoción.

Matizan el apoyo a Trump y le menosprecian porque le apoya la gente pobre e ignorante de los Estados Unidos, que son seres humanos, al final de cuentas. Es decir, estamos ante una estrategia mediática del mainstream por atacar a Trump de una forma que ellos mismos alegan despreciar, vulgar. Le odian, y provocan generar odio hacia su persona, no con otra estrategia sino bajo el lema de “ojo por ojo”, al mismo canto que le criticaron al Presidente Peña Nieto por tratar de entablar una labor diplomática, conciliadora con él para atenuar palabras que hieren y lastiman y ponen en riesgo una relación bilateral. 

Trump no va a gobernar solo, lo deberá hacer para todos, con todos, con el mundo, con la humanidad, con los contrapesos y las instituciones. Y puede ganar. 

Es una situación compleja, que han querido venir buscando posicionar bajo matices absolutos, blanco ó negro.

Y no es así.
No es tan simple la verdad.


Erick Xavier Huerta Sánchez.

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