La era de la trasmutación
La era de la trasmutación ha comenzado. Después de escribir, de intentar aclarar la situación mediante los pensamientos, la razón, el corazón y la escritura, una serie de ideas diversas convergen, se vuelven palabras, se traducen las emociones en los conceptos, a la ideología, y lo plasmo y me vuelvo diverso, con verso, peligroso, consciente.
Distraído por las actividades cotidianas, me perdía en el interés de evolucionar, lo único que quería era desaparecer y acelerar el proceso de mi muerte. Me sentía viejo, inútil, tonto, lejos de tener expectativas que me llevaran a pensar en el optimismo. Tal vez eso pueda ser cuando miras el mismo cielo tantas veces, mucho tiempo.
—Las estrellas están colocadas en el mismo lugar y parece que no sucede nada, que no vamos a ningún lado.
Erick, me nombraban, los grandes ayeres, sin futuro, sin fuerza. Erick moría, después de haber sido fuerte. Erick, pretendía ser algo más que un simple mortal. La fuerza se fue, se desvanecía, se iba, era el cuerpo olvidado, destruyéndose. Nos olvidamos de la evolución y nos arrojamos a la autodestrucción y el miedo nos consume. Dejamos de pensar que somos grandes y fuertes.
La penumbra, y la tormenta, las nubes grises, el olvido y el frío recorrían mis caminos.
La fuerza del cuerpo dejó de importar y dejamos de rezar a dios. Las grandes proezas de mi espíritu se fueron a un ático, llenas de polvo, abandonadas por la responsabilidad de mis ilusiones de continuar creciendo para hacerme vivir.
La fuerza sobrevino. Despertó, llegó de nuevo, para quedarse, para tomar un nuevo respiro. Aquellos problemas estomacales acabaron, de respiración, de perder el sueño, de no conciliar calma y paz. Acabaron, se fueron, la fuerza vuelve, regresa, la grandeza imprime de nueva cuenta la nueva historia en las palabras de oro, grabadas en piedra que durarán por la eternidad, para siempre, fuertes, incrustadas en la memoria imprescindible que edifica a la gran humanidad.
Hay un fuego que no se apaga, y ahora ha explotado como gran flama, imprimiendo sonido como aquel rugido de la bestia encerrada en el desván. El gladiador vuelve, el peleador nunca se retira, regresa, no pierde paso y no se deja caer. Los tiempos de la lucha son hasta el final, hasta el final. En los sueños del escritor, la fe ha regresado, se ha sembrado en lo más profundo del espíritu, y las historias resurgen, de amor, de sueños, de ideales por construir. Corre el maravilloso joven, recuerda la vitalidad de su corazón, del brillo que ocurre en sus venas y la sangre vuelve tomar dinamismo en el cuerpo y somos más fuertes que el sistema, que la roca, porque nos desenvolvemos como el agua, en cualquier forma, somos fuertes.
En los sueños, los ojos han sido reconocidos, en su color pronosticado.
El golpe con el destino es certero, y a punto estamos de encontrarnos. El olvido quedó atrás. El hijo del hombre volverá. El elegido disfrutará del amor. El elegido anida la fuerza e impondrá el equilibrio en el mundo. El anonimato desaparece, y el eco del amor comienza a escucharse más fuerte. Las palabras danzan y llegan a su destino. Los sueños del hijo del hombre se concretan en la tierra. El hombre olvidado del cuerpo lo vuelve a construir, lo refuerza. Y ahora el compromiso del mundo es verlo evolucionar.
Suenan los tambores en el universo, suena la gran orquesta de las genialidades en el intelecto. El hijo del hombre vuelve a caminar por los pasillos del castillo, de su imperio, listo para asumir el trono, para dejar que en su cabeza se postre la corona de la gran victoria de la humanidad.
«Seremos grandes», dijo el hijo del hombre.
Impondré el amor en mis letras, en mis pasos, en la fuerza de mis pensamientos, en la grandeza de mis actos.
"Alguna vez me olvidé de vivir, y eso me tuvo mucho tiempo desconcentrado de lo importante. Y aunque no dejé de admirar la belleza en el mundo, si olvidé reír, y de tener muchas más alegrías."
El amor que escribiste en versos, en la imaginación, en el corazón y en los sueños, se han venido a postrar en tu sueño. El hijo del hombre ha vuelto a tener fe en el futuro, en el amor. Y el gran destino te confronta, te espera. Para eso has estado trabajando, para la gran lucha, para la gran misión que habremos de soportar en la calamidad y en el fulgor, en la tristeza, en el momento difícil y en la dicha y en el poder.
El gran jefe de los magos concedió el poder de cumplir los deseos, y los habremos listos realizados.
Te he mirado mujer, ahora, en el momento presente, recordándote en tu forma, en tu esencia, y ahora, el cielo cobija tu espíritu y aguarda el tiempo y aguarda el momento...
Los sueños nos entrelazan, nos hacen amor:
«Miro tu sonrisa cuando me ves; miro cómo me miras, cómo me sientes, cómo me visualizas, cómo me imaginas y me recuerdas. Observo cómo me amas cuando no estoy, cuando te recuerdo, cuando te escribo, cuando me esfuerzo en imprimir las palabras los grandes sentimientos de amor que ocurren cuando sólo miro una fotografía tuya en mi mente, con mis ojos. Para eso he nacido, para amarte, para cumplir en el propósito de mi vida la alegría de ser junto a ti.»
La música sondea, vuela, se esparce, la gran orquesta no cesa el esfuerzo de continuar tocando para acompañar la gran historia que va concurriendo entre seres, en el mundo, en la tierra, bajo el manto, en la danza, en la galaxia pretenciosa, amorosa, inmortal, fuerte, que vibra, que vive, que coexiste, que es creadora.
Mira el universo. La era de la evolución ha llegado. La trasmutación más significativa y decisiva en el destino del hijo del hombre, comienza. La fuerza de la palabra y el pensamiento. La gran genialidad en las neuronas, en el gen universal que contiene toda la historia milenaria de la creación, empieza a emerger con gran cantidad, con afluencia en la era de las ideas y la información. El hijo del hombre vuelve a creer, vuelve a ser poderoso, vuelve a ser el origen y equilibrio de la gran fuerza universal. Edifiquen la humanidad en el equilibrio, en la dicha y en el balance de la justicia y la verdad.
El gran creador vuelve a correr, hasta el final, con las mismas fuerzas con que brilla y esparce luz el sol.
La era de la trasmutación ha comenzado.
Colores púrpura, colores mágicos.
Requiem, sonidos del ímpetu, de la tenacidad, de la gloria, porque el hijo del hombre ha despertado y en su interior la misión, el brote del elixir, de la gran verdad.
Sueños, sueños son, sueños son verdad;
sueño con tus ojos, sueño con el futuro, sueño con mis sentimientos, con las emociones del corazón de la tierra, y el cielo pronuncia tu nombre, nuestro destino y así ocurren las cosas, en la gran dicha de la palabra única, del significado irrepetible, claro, conciso, preciso que abre con llave de oro la puerta hacia el camino de nuestro propósito.
Erick Xavier Huerta Sánchez
Comentarios
Publicar un comentario