Aún el amor perdura.
Ha pasado mucho tiempo.
La soledad me obligó a estar platicando con mi conciencia, tal vez, con tiempo de sobra, que ahora incluso, ya no quiero nada.
Después de haber estado al borde la muerte y perder la conciencia, por culpa de la deshidratación y el sobre esfuerzo de mi corazón humano. Volví a recordar a la mujer de cabello negro, tan hermosa como siempre, impregnada su imagen en mi corazón desde la primera vez que la vi.
Y ahora tengo la obligación moral, dictado por una conciencia, o una voz del más allá; de decirle a ella, que nunca, más allá de habernos visto, produce en mí una coyuntura de confesión absoluta. Quiero decir, a ella, por medios escritos, que es la musa de mis obras artísticas.
¿Lo sabrá ella? ¿Por lo menos tendrá intuición en su corazón, a lo lejos, en la distancia, que pienso en ella y que mis creaciones son producto de eso, de pensar en su rostro, de recordarle, de volver a sentir en mis oídos el matiz de su voz?
Ya mi boca no tiene hambre, después del cansancio que me produjo estar cerca de la muerte. Tal vez por eso pienso en ella, porque ha sido lo más bello en todos estos años. Por eso me volví artista. Ella detonó en mi vida, una existencia llena de posibilidades, de lo infinito, y derrotó al tiempo y al espacio. La eternidad ella lo produce en mi corazón, con haberla escuchado una sola vez, de una sola forma, aquel color de su voz, aquel juego tan bello en su rostro, con su pelo, con sus distintas formas de peinarse. Y dicen que estoy loco, porque le quiero declarar mi amor, así, por haberla visto una sola vez. No puedo esperar, sin embargo, pasan décadas y aún no acaparo ni logro recoger valor. No sé por qué. No sé, dudo de todo, de mi mismo, pero nunca dudo que ella es un bello recuerdo, una linda figura que podría mirar por toda la eternidad, sin cansarme. Incluso pienso que ella reúne a todas las mujeres en el mundo. Ella se ha vuelto centro del universo. Ella es el amor. Ella es lo que quiero, y pienso todo el tiempo, y viene a mí, sin esfuerzo, sin que lo pida, sin quererlo, siempre está, impregnada en los adentros del mar de mi corazón, de las aguas rojas, en el correr de mi sangre, en mis ganas de vivir, en mi poesía tan ingenua e inocente.
¿Podré cerrar el capítulo de mi amor por ella, cantándole a los vientos?
¿Podré olvidarme por completo de ella, cuando se lo diga?
¿Será liberador? ¿Qué será?
¿Qué habrá de pasar cuando le escriba, que la amé durante tanto tiempo por haberla visto y escuchado un par de ocasiones?
Yo, no sé explicar el amor. Sólo sé que me sucedió así, de pronto, sin saberlo, sin tener experiencia en el arte de la palabra, de lo social, del valor por declarar amor a una mujer. Yo me quedé inerte, sin poder mover mi cuerpo y mi boca. Me volví inseguro, me transporté a otras realidades y ya nunca más pude conciliar el sueño, porque ella, como mi sueño, me llevaba levitando, fuera de la realidad. Por siempre, hasta ahora, desde aquel tiempo. Ella, no es lo que imaginé. Ahora creo que ella es mejor que la existencia, que la vida y la muerte. Creo que ella es eso que perdura y que nunca se pierde.
Creo que ella sigue siendo el amor de mi vida.
exhs
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