Esperar al amanecer
El amor.
El profundo sentido de justicia. El bien y el mal, la fuerza que llevamos, solo algunos, que nos sentimos conectados, que sentimos que hemos despertado o que por diversas circunstancias, tenemos la necesidad de hacer el bien.
La vanidad y la soberbia no siempre conducen a los actos malvados. Hay una alternativa, otro camino que te lleva a querer hacer el bien.
El amor aparece, el amor se escribe, el amor se presenta y se escucha como la voz de dios, de la creación, en la soledad, en el ensordecimiento.
El amor está a prueba, en estos momentos.
La luna del cinco de marzo del dos mil quince ha anunciado la transmutación, la transformación, el cambio y ya nada volverá a ser igual.
Se avecina algo, nuevo, esporádico, inusual, inaudito. La verdad se asoma, y dios sigue enviando señales. Esa luna del cinco de marzo anuncia la verdad y la justicia. La luna es color sepia, y las nubes la hacen ver más gigantesca y brilla con intensidad, brilla diciendo algo, anunciando el juego de las estrellas.
El amor está aprueba. Viene la tormenta, el torbellino, la fuerza de los cambios de los dioses, de la grandeza, de lo inevitable, del equilibrio y tenemos que afrontar eso. Tengo la misiva, la determinación de apegarme a la justicia, a la verdad, a la espada, al honor.
Camino sintiendo los pasos de mis pies, firmes, fuertes, llenos de silencio en un lugar que puedo admirar, y percibo futuros y los amores. Los ángeles danzan alrededor mío y yo canto a la densidad, a la nada, al infinito.
Recuerdo las bellezas de las que me enamoré. Recuerdo mis ilusiones, mis intenciones, mis ganas de querer y sigo, y el amor y las palabras que he escrito como mantras, como anuncios, como reflejos de mi corazón; también me dicen que estoy a prueba, en el amor por la verdad. De ahí vendrá mi destino, de ahí serán los venideros cauces que me lleven a donde debo estar y entonces, después del fuego, disfrutaré los besos de lo que hemos presumido amar.
Pero sólo, después de la justicia, y de la consolidación del honor.
Ha estado aquí, bajo esa luna, la voz susurrando en el viento frío y danzan espectros de imágenes de lo que he querido y se asoma la belleza, el miedo, mis temores.
Me lanzaré a los confines del abismo, de la oscuridad, de la fuerza para brillar con intensidad y para arrasar con la injusticia.
Tengo que esperar el amanecer, así está escrito.
Así debe ser.
Erick Xavier Huerta Sánchez.
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