El zar antidrogas

Es muy difícil saberlo todo, pero es más difícil hacer las cosas sin estudiar un poco su naturaleza. 

En mi País, México, la gente muere todos los días por el problema del narcotráfico. Unos porque son adictos, otros porque creen que salvarán al mundo. Está bien alumbrar con la verdad, pero es triste que la bandera de la justicia a veces sea sólo un símbolo para conseguir votos.

Cuando estudié mi maestría, era el tema que estaba en boca de todos los que queremos trascender y somos sensibles ante las problemáticas sociales. Somos seres especiales, porque sentimos fuera de lo común los problemas de los demás. No nos gusta la infelicidad del prójimo; nos gusta ver armonía y un solo cauce de energías destinadas a la grandeza. Yo por eso estudié lo que estudié, y aún me sigo preparando. Pero es desalentador no tener tantos recursos para luchar por la trascendencia y por hacer del mundo un lugar mejor. Hago lo que puedo y hago más. Todos los días presento mi mejor rostro, mi mejor intención, mis mejores fuerzas para dar a los demás la palabra de aliento, para inspirar y dar propuestas porque la gente no quiere personas quejumbrosas, sino líderes entusiastas dispuestos a afrontar los problemas. Y eso en palabras suena excelente, es más difícil ponerlo en práctica.

Creo que yo alimento eso todos los días cuando hago ejercicio y me conecto con todo el universo pisando los terrenos de mi tierra y respirando el aire de Dios, sintiendo el sol, el calor y el frío. Todos los días pienso en cómo voy a hacer del mundo un lugar mejor. Pienso en que quiero tener una familia, una maravillosa esposa que todos los días despierte feliz porque yo puedo causarle una sonrisa.

Todos los días me esfuerzo por ser el mejor hombre que Dios haya mandado al mundo.

En mi país, todos los días se habla de la corrupción que promueve el hombre. Todos los días el mal está en la calle y en la oscuridad. Todos los días encuentro nuevos maleficios y prácticas deshonrosas que matan la dignidad de nuestra sociedad. Y yo no entiendo cómo pueden hacer eso. Lo entiendo pero no me gusta. Sé que el amor se desvirtua y desaparece ante la vista evidente de muchos hombres. Se quedan ciegos y buscan cómo ver, mientras tanto, cometen atrocidades.

Mi país es camino de prácticas deshonrosas. Hombres que huyen de la ley, mujeres que se dedican a la prostitución, al porno, a robar. Mis hermanos, muchos, son delincuentes.

¿En qué momento la sociedad nos hizo pensar que somos de mundos distintos? Porque parece que la educación ha sido basada en crear esferas mentales, donde unos somos de un planeta y otros de uno distinto; donde unos son de una raza en particular y otros son animales distintos. 
Es cierto que tenemos distinta percepción de la realidad, pero al final de cuentas somos parte de una misma raza que racionaliza la existencia. Somos hermanos, somos una manada de hombres y mujeres tratando de encontrar nuestro destino. 

Los elefantes caminan juntos y se defienden de los leones.
Los leones caminan juntos.

Nosotros nos matamos entre sí. Buscamos maneras de hacernos daño. Resentimos nuestras palabras y nuestras acciones. Y el dinero ha hecho todo aún peor.

El dinero y la hermandad no se llevan.

¿Por qué no nos dijeron que éramos hermanos?
Escuché muchas veces, a manera de gesto social, decir entre hombres la palabra "hermano". Tal vez si pensáramos así, no seríamos tan fríos deseando la muerte para otros por el daño que causan. Tal vez, si te hubieran dicho que los demás son tus hermanos, mirarías el mundo de forma distinta, sin tanto rencor. Tendrías confianza porque sabrías que en todo el mundo te espera alguien con los brazos abiertos. Sin embargo, caminamos con miedo, y no confiamos en nadie.

Tal vez poniendo en práctica la economía de favores, se haría más humano el dinero. Un poco más cálido. Como en esas comunidades donde la señora de la leche y el queso regalaba litros y pedazos, porque era una cuestión de piedad y devoluciones de favores, más que de atesorar para nada.

Es difícil. A mí me ha ido bien. Mi Padre y mi madre han visto por mis necesidades básicas y me apoyaron en lo mismo cuando salí a estudiar pretendiendo ser alguien útil para el mundo. Quise estudiar en las mejores escuelas pero al final, parece que nada vale la pena. En mi país, no hay meritocracia. No hay piedad, cada vez nos volvemos más fríos. En mi país, el sistema es de oportunistas, no de oportunidades. En mi país, todos los días debes mirar al cielo tratando de encontrar esperanza, trantando de encontrar consuelo porque estás inmerso en un mundo de injurias, rencores, envidias, que se producen entre hermanos, entre esposos, entre hijos y padres.

Por eso. Cuando los estudiosos se ponen en una mesa para tratar de encontrar una solución ante los problemas sociales. ¿Tienen en orden su vida? ¿Tienen en orden a su familia? 4 miembros de una familia no pueden ponerse de acuerdo para tomar una decisión tan simple como ir a comer a un restaurante. Y es comprensible. Hay individuos, miembros de familia, que se dedican a embriagarse mientras otros estudian. Pero todos pueden participar. Eso es la democracia. El que no sabe puede opinar tanto como el que sabe. Y el gobierno sigue viendo maneras de quitar a la gente productiva parte de su dinero para, supuestamente, dar servicios públicos, entre ellos, seguridad. 

No vivimos en paz.

En el problema de las drogas. Matar a todos no es una solución. Generar soplones no es una solución. En la batalla contra las drogas se genera la siguiente pregunta ¿Por qué la gente se droga? Y se derivan diversas respuestas, tales como: para evadir la depresión, para retar a Dios, para rebelarse a los padres, para rebelarse al sistema, para probar lo prohibido, para creerse diferente a los demás. Una u otra respuesta, atienden al concepto que encierra que la gente no está de acuerdo con el sistema en que viven. Quieren fugarse a otra realidad. Quieren hacerse daño. Incluso es una manera de matarse lentamente.

La gente no encuentra a Dios. Y cuando lo hace supuestamente, generalmente se vuelve fanática.

Los hijos de gente acomodada se drogan. Los pobres se drogan. Los narcos se hacen ricos, y en mi país cantan corridos.
Supuestamente, el país rico trabaja con mi país en proyectos bilaterales que propicien paz y armonía. Y la estrategia es matar a los violentos y armar con más armas a mi país, cuando ellos mismos compran droga a mi país y les venden armas a los delincuentes. No entiendo nada.

Supuestamente, el proyecto bilateral funciona. Pero los organigramas de los países son completamente distintos. 
¿Y quieren que dé mi opinión?

Es claro que el sistema no funciona. La gente no quiere trabajar. Enajenaron a la gente diciéndole cómo debe ser, vestir, verse, todo. Yo mismo he encontrado la paz, y aún así quiero comprar, quiero verme como Brad Pitt. Quiero tener la fama de Martin Scorsese. Quiero tener un yate, un avión privado como Luis Miguel y mujeres alrededor que me adoren. Es ridículo escribirlo, decirlo, pero así piensa la gente. ¿Cuántos cuentan con la madurez suficiente para tener humildad y ser con poco mucho? 

En el problema de las drogas, es difícil pensar fuera de la caja, cuando es un problema cuya raíz estriba en cómo conceptualizamos la realidad las diferentes culturas, y cómo podemos conectar puntos que nos identifican como seres humanos para resolver la apatía ante la vida.

Me duele, cuando me cuentan de una chica que gustó del desmadre y acabó embarazada y fue adicta a las drogas.
Me duele, cuando muchos y muchas, terminan en la prostitución por querer más drogas.
A mí me duelen las tragedias que no son cercanas, pero que padecen mis semejantes.

He tenido que vivir sabiendo que no soy Dios, y que lo mejor que puedo hacer es ser lo mejor para dar a los demás cosas buenas, cosas que los hagan crecer.

Todos quieren vivir bien. Y si no te dan oportunidad, tienes que hacer lo que puedas, como puedas. La moral acaba, decía Marquez, cuando te pega el hambre. Tienes que comer y después amar. Te cierran las puertas, y vas a acabar abriéndolas con todas las fuerzas que te queden. Gritarás y pegarás furia.
Unos sueñan con hacer lo que les gusta, pero tienen que lidiar con el dinero. Y el dinero no alcanza, dicen los economistas. Algunos imprimen más dinero para solucionar eso. De todas formas, no alcanza para las mayorías. Y si tienes un hijo con discapacidad o padeces una enfermedad, pues, te chingas, y haces lo que puedes. Es más o menos la historia de breaking bad. No todo es trabajar. También cuenta el ocio. Para muchos es fácil decirlo, porque están en la cúspide. Esto es para ustedes. 

Aún así, puedes buscar la forma de vivir bien. Siendo listo, no oportunista.

En mi país, la política dejó de ser una profesión noble, porque sus militantes creen que no pueden escapar a la corrupción. Yo sigo teniendo Fe en que podemos ser una sociedad diferente, por eso estudié.

No vivo como quiero, ni se cumplieron mis expectativas cuando incursioné al mundo laboral. Incluso pienso  a momentos que todo lo que he hecho no ha servido para nada. Pero soy joven, tengo 26 años, todavía hay muchas vivencias de amor que aguardan en el futuro, a pesar de tempestades.

Pero ya les dije: 
"Todos los días me esfuerzo por ser el mejor hombre que Dios haya mandado al mundo."



Erick Xavier Huerta Sánchez

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