¿De qué sirve?
¿De qué sirve esforzarse si no logras nada? ¿De qué sirve querer vivir bien si el mundo te niega todo? ¿De qué sirve amar la libertad si uno vive anclado a sus padres? ¿De qué sirve tener tanto amor si no logras compartirlo? ¿De qué me sirven las ideas si no las puedo poner en practica? ¿De qué sirve querer ser libre si el mundo no quiere que así sea?
Siempre tenemos que aguantar. La calamidad está en todos lados. Me mintieron las musas y también los oráculos. Todo fue una farsa. Y cumplí con las leyes del universo y las creadas en la tierra, y no logré nada. Vivo solo, inconforme, deambulando, sin estabilidad, encerrado en los mismos gritos que ha dado mi madre desde el día en que nací. Vivo en la misma dinámica obsoleta que irrumpe mi progreso y a nadie le importa. Mis oraciones son curitas para sobrevivir a los momentos, estos de siempre, que a cada instante me amenazan, que me tienen bajo el yugo del enclaustramiento.
La misma dinámica. El rey regresó a ser esclavo. El hijo se volvió inútil y los padres se jactan de eso. Es que no tiene el valor suficiente de mandarlos al diablo e irse para luchar por su libertad. Porque él cree que tiene un destino, aún cuenta con una pizca de esperanza para lograr trascender y vivir como dicta su intuición, como quiere y manda su alma. No tiene valor, sigue en el mismo cuarto de cárcel, chico y sin ambiciones, en el mismo desmadre, en la misma dinámica, en las mismas palabras y su ingenio se muere, se deja morir, asesinar por su familia, la que se come las sobras de los que logran, a veces, asomarse al paraíso.
Entusiasmo y paz. A veces me da ganas de acabar con todo y ya no sentir. Vivir lejos del trabajo es un infierno. Vivir solo es triste. Vivir con el mismo insulto que te hacen los que te debieron amar todos los días es insoportable. No puedo más con eso. Mis padres no quieren que yo logre nada, se jactan de mi miseria. Se quieren regocijar en el hecho de que me tienden la mano, de que ayudan al minusválido para sentirse más que uno.
La gente no quiere que uno aprenda, y mucho menos que vuele. Te quedas solo, se trepan de ti y tienes que ser más fuerte, para sobrellevar la carga de los que llegan a jalarte, para que te hundas en el mismo abismo que ellos.
Estamos llenos de enajenados y perdidos. Esa es la gracia de este juego, la yuxtaposición de mundos, infiernos y paraísos, locos y genios, malditos y bendecidos en un mismo lugar, amando lo mismo, queriendo lo mismo, sufriendo por aquello que todos carecen.
Pobres.
Pobre de mí.
Me tengo pena.
Me enojo.
Y no puedo hacer nada.
Soy un esclavo del sistema.
Soy un cobarde que no puede escapar de la tierra.
Estoy preso en este cuerpo y sujeto a las directrices de los demás.
No soy libre.
Soy un error.
Nacer es un accidente.
exhs
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