Yo sé amar

Dios nos mandó a la tierra para que pasemos distintas aventuras, reflexionemos acerca de la existencia, nos conozcamos como seres humanos, nos reflejemos en la naturaleza, nos entendamos en el caos. Nos olvidemos el uno del otro y entendamos por siempre el amor. 

Dejé de escribir, porque ya no quería compartir mis ideas, pero si lo dejo de hacer muero. 
Si no escribo muero, y si vivo es para darlo en constancia en las letras que me reconocieron, las que me llamaron un día a venir a este contexto, México, de historia, de tradición, de hermandad, de venganza, de ayuda y de rencor.
México.

Yo sé amar, desde el mismo día en que abrí los ojos. No imaginamos las dimensiones de la maldad que habita en el mundo, no las podemos concebir hasta que nos suceden. Y siempre he sabido de mi nobleza, y he llegado a sentir cómo mi alma tiene padecimientos de tristeza y lamento cuando ocurre que hice algo que no puedo hacer: maldad. Soy un hombre de Dios, soy un hombre de Fe. Soy un hombre que en tiempos desconoció a Dios y a toda la naturaleza y deseó morir. Como San Agustín o San Francisco, como el mismo Jesús. Soy un hombre, como todos, lleno de esperanza y amor, listo para entregarlo, cauto por aquello de los demonios y las fuerzas del mal. El mal existe, es una realidad, estamos confusos, y la manera en que unos y otros traspasan dimensiones es con un tiempo relativo, abismal, eterno, de muchas vidas y entonces chocamos.

Ahora he trabajado, y me he entregado a los ideales de respirar y admirar belleza. Me quedo sin pocos recursos, de los sociales, de los simples, de los cordones que usan los simples mortales, mis amigos, los demás, los semejantes. Yo me separo y no puedo evitar las envidias, ahora los tiempos me piden mostrarme, alzar la palabra, actuar con hechos, fomentar mi fortaleza, ver crecer mi espíritu. Dios me ha hablado, Dios me acompaña, el padre vuelve al hijo. El hijo espera, se convierte en el alumno preparado para recibir al maestro y conjeturar ahora el destino como el único, el elegido para brillar, para traer de nuevo el equilibrio a la tierra.

Hoy, las fuerzas del bien y del mal vuelven a la batalla. El odio por el amor. El odio por el odio. El odio contra el rencor, contra el amor, todos contra todos. Nos olvidamos del amor. La lucha por la libertad confunde a los hombres, y no saben qué hacer con su tiempo, yo sí, correr, respirar, ser el aire, esperar el amor y saber que siempre he podido amar. 
Cuando no hemos encontrado la luz, peleamos y queremos hacer desaparecer cualquier mal, aunque sea con la misma receta, con el mismo poder, con la misma magnitud. El grito constante de las fuerzas del mal en el oído molestan, inducen a la locura, despiertan la ira y hacen olvidar la tranquilidad; nos vemos inmersos en el infierno y no podemos hacer nada. Nos encontramos en el callejón sin salida donde Lucifer se mofa. El ateo no cree en ello, el ateo cree en las ideas, y la manifestación del mal en un símbolo ó historia no es más que ello, la representación de algo que hemos padecido como humanidad toda nuestra historia, desde que cobramos conciencia como seres colectivos dispuestos a organizarnos como comunidad. Somos seres sociales, y nos debemos al otro, aún cuando todo sea para nuestro beneficio, todo está concatenado. Todo está unido. Toda la historia maléfica está escrita y depende de nosotros erradicarla. Los abuelos y los padres permitieron que el ciclo continúe y que no haya escapatoria. Yo me rehuso, pero creo que he corrido con suerte, porque soy un hombre de principios, de un alma especial, algo que ha llamado la atención de la fuerza del bien pues se ha inmerso en mí.

Y mañana despertaré. 
Dispuesto a luchar.
Dispuesto a ser mejor.
Dispuesto a tener la gran idea, la gran verdad, sin tapujos ni dudas, con determinación y claridad.

Las ideas fluyen, se abre mi conciencia al universo y encuentro todo lo que tenía que saber.
Dios siempre ha estado conmigo. Me cuida paso a paso, nunca me olvida.
Dios quiere que sea un líder, Dios quiere que sea testimonio de la verdad que un día quiso que fuera guía para los hombres en la tierra.

Yo sé amar en la oscuridad, en el deseo. Cuando me escondo y en mis sueños, cuando miro a la mujer pasar lejos de mí, cuando ella me ha pasado con su mirada el velo de la inocencia, las ganas de construir nuestra historia, en el mito de platón, en el drama de Shakespeare, en el amor simple, en el acuerdo de los hombres, en el juramento ante Dios. Yo sé amar y después de ser. La espero todos los días con mucha paciencia, porque soy hombre de familia, seré padre y amado esposo, seré el mejor amigo de mi compañera de vida y el mejor maestro para mis hijos, el hombre rector que dé buen consejo; el hombre cuya palabra sea acertada en el momento preciso, el que adore las lenguas, el que mastique con honor la pronunciación de los distintos idiomas. Seré hombre cabal, porque hoy tengo principios, porque Dios me cuida y me protege del mal, de los corruptos y de los violentos. He traspasado el umbral del infierno que habita en la tierra y me alzo al paraíso, junto a mi Padre, el que es todo y nada.

Yo sé amar, y lo seguiré sabiendo, cuando bese por última vez a mi amada, cuando diga adiós a mis nietos, cuando diga hasta pronto a mis amigos; cuando cierre los ojos para siempre y despierte a la vida eterna.

Yo sé amar.



Erick Xavier Huerta Sánchez

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