Prescindible

Desamor es lo que quiero describir en esta madrugada llena de ocio, llena de desapego a lo material, yo y las letras. Recordando el amor sentido, las ilusiones y el futuro construido en la imaginación, donde todo es perfecto, donde sucede a mi manera, y de alguna manera, ella responde como ella quisiera, como yo lo imagino sin hablar mucho en la realidad y conocer los verdaderos pensamientos que posee.

Ella seguirá su vida, y yo la mía. Nos separaremos y nos reencontraremos, pero estaremos separados. Yo la amo en libertad y siento tanto en ocultar el gran amor que perdura en el aire, y que deseo que ella también lo respire, algún día, ojalá en su corazón, se despierte la efervescencia con que yo un día sufrí por eternidad sin conocer el día en que muera este amor.

Estoy solo, como vine, con admiración de la grandeza de compartir y tener envidia, de luchar por lo mío y servir a los demás.
Un día la vi, sin más, y tuve una conjetura de historias en mi pensamiento, con miles de alternativas para construir una vida que fuese llena de felicidad. Pero nos separamos, y yo no pude hablar, y la vida se tornó la lucha por la supervivencia, haciéndonos duros, recios, helados, ardientes, cautos, precavidos, fuertes, con temperamento para defendernos y para aguantar las ideas, la brutal batalla de ideas que convergen todos los días, durante toda la historia, y que nos seducen y nos esclavizan.

       La batalla de las ideas nos arrastró a esto. Y damos la vida por un ideal, si luchar por el servicio a los demás, o luchar por el egoísmo, luchar por la propiedad privada o por la regulación a una sociedad que todavía no puede lidiar con la libertad, que se hace daño sin querer, que es objeto y vulnerable ante pillos que osan con manipular los medios, las masas a través de fórmulas muy precisas, adecuadas para que el mercado responda como uno quiere. El mercado se manipula de distintas formas, no hay una mano invisible, siempre hay un grupo que osa con intervenir de una u otra manera; y nos hacemos presas de nuestros propios errores, nos volvemos egoístas y fríos ante los semejantes, rompemos la cohesión social, lo echamos para atrás, todo, todo, todo, todo aquello en lo que profesamos ser: amantes de la fe, de los buenos sentimientos, de la ayuda al prójimo  y de las ganas de vivir en el paraíso. Todas las ideologías nos profesan el paraíso, no hay una que atente contra el individuo o la libertad. Todas las ideologías fueron pensadas para el bienestar y la felicidad, para los tiempos de ser felices. Pero entendemos mal, o hacemos mal lo que creemos creer. No sabemos, somos aún tontos, poco avanzados en el orden social y en el trabajo fraterno.

Un día el Mesías vino, y el gobierno y la religión atentaron contra su vida. Desde entonces todo sigue igual.

¿Qué sigue?

Uno tiene que comprender lo necesario que es para el mundo y lo poco importante que resulta en él. Uno debe comprender que para el mundo no somos imprescindibles, sino una parte más de la historia, del desarrollo que entra en más vicios, más aptitudes equívocas, más confusiones. Con millones de jóvenes deambulando, confundidos, creyendo en ideas suministradas por la media, por las instituciones que quieren lucrar más. Por tecnología que produce esclavitud y vicios. Uno comprende y entiende que viene al mundo, y pocos le cambian, pocos son gestores de grandes cambios, unos les llaman santos y a otros anticristos. Pero el mundo sigue moviéndose en el contexto sociocultural de una humanidad que explota a los mismos de su condición y raza, por miedo y por rencor, por un sistema de explotación, de poca fraternidad, de poca inteligencia emocional. ¿Qué somos? Sino un grupo que se odia entre sí, que pone fronteras, que quiere lo mismo para todos pero a costa de repartir la riqueza inequitativamente. Somos una raza, una sociedad, un grupo y no nos entendemos. Supuestamente el castigo de la divinidad fue imponer las lenguas para que no nos entendiéramos y para que aprendiéramos el valor de la unión. No entendemos.

Al final lo que importa es el amor. Por eso muchos no luchamos, queremos preservar, mientras vivamos, lo poco que queda en un mundo bélico y de fuerza que nos hace separar de la paz y la estabilidad, el confort y la rutina.

Todos somos una bola de fuego inestable, a punto de explotar. Buscando el amor, buscando reinventarse, buscando conflictos, buscando roce, pelea, destajos. 

Somos lo inevitable. Y no sabemos cuándo parar. El mundo nos ve con mucha cautela y el pequeño instante que estamos, al rato ya no somos. Desapareceremos cuando el mundo quiera, pues pertenecemos a él y él dispone del tiempo y de la forma en que nuestro ciclo sea.

Amar.
A escondidas escribía mis sentimientos y lo cantaba al mundo. Las estrellas lo sabían, la luna y el espacio, los planetas, mi tierra, el aire y las nubes. Ella no. Oraba todas las noches, creía fervientemente en mi Padre, en Dios e imploraba la forma, la manera, la circunstancia para que mágicamente pudiera estar viviendo lo que siempre anhelé: juntar los corazones. Sentir la reciprocidad de la magnitud de mi amor por ella, a toda su piel. 
Pasaron los minutos eternos, el tiempo, los estudios, la formación, los retos, las eras, y nunca pude concretarlo. Se vuelve eterno, el presente lo es todo. El presente significa todo el tiempo. Cada minuto, cada momento. Vivía en mis pensamientos, en mis ideas y en mis creaciones, en mis pasos. Y creo que ella lo sabe, muy dentro, pues creo aún en la magia, creo aún en algo sobrenatural que lo hace saber, a su corazón, a todo lo que la conforma, y que incluso el aire que respira trae el aroma de mis intenciones.

Envié mis deseos a las estrellas y mis palabras a la tierra. Impregné los aires y en las nubes todo mi amor. Escribí en el firmamento de la eternidad la historia más sincera de este corazón que se iluminó cuando vio en sus ojos la gran magnitud del espacio, las miles de formas que uno puede acometer, la maravilla de fundirse en un solo ser y dar paso a la nueva vida. Su piel y mi piel, sus sueños y nuestras imperfecciones hacen todo maravilloso.

Dios, la historia por los tiempos no se ha concretado, vine aquí y no la puedo ver, se aleja de mí. No debes preocuparte, me dijo un sentimiento, porque la historia está escrita y avanzamos justo en la dirección correcta, pues nada se impone, nada atraviesa, corremos y nos acercamos a nuestro destino y chocarás con ella, nuevamente, aunque ronden por círculos, aunque se vean a lo lejos, aunque se sientan distantes; llega un punto en que las orbitas se golpean, se unen y dan paso a nuevas galaxias, nuevos espacios y universos donde pondera la vida y una gama de colores que se expanden en la imaginación del cosmos.

No eres indispensable, pero eres importante para la creación.

Serás lo que debas ser.
Y honrarás la grandeza,
y tendrás amor,
serás bendecido,
amarás por la eternidad,
cada mañana,
por siempre jamás.


exhs

Comentarios

Entradas populares de este blog

México es un país estresado.

La furia.

Una realidad preocupante.