Malena y Jesús
Amigo que corre por las calles mojadas del Distrito, lleno de smog y gente perturbada que se abandona a los vicios.
La historia emana del amor y regresa justo allí.
Malena y Jesús se conocieron en un contexto que dista mucho del ideal premonizado en el que trabajan los poetas, amantes del amor, del idilio de los colores amarillos y la gracia del otoño.
La soledad es necesaria para reconocer y extrañar al otro, sentirse con tanta necesidad de ser participe en un organismo, de interactuar y de ser en el reflejo de la mirada de otro ser. Sentir bajo las acciones de otro, el miedo que nos produce el otro ser, la gracia y el amor por ser. Somos por los demás, no hay más. Existimos y tal vez por eso imploramos a Dios venir al mundo, porque cuando partimos de aquí ya no somos, ahora es la muerte.
De todas las mujeres habidas y por haber. Jesús se enamoró de pocas, pocas le motivaban a decir una palabra, y la soledad le movía a convertirse en un monstruo, cuando aquella vez se desterró al desierto para buscar la verdad inalcanzable, inabarcable, tan grande y lejana, tan hermosa que nos ve con indiferencia ya veces nos da un sorbo. Satanás amenaza con gracia darlo todo, y Jesús se niega. Jesús dice no, y prefiere vivir como ser humano, como hombre, con humildad por no ser Dios y con hambre por obtener toda la verdad.
Malena deambulaba por las calles y su belleza era modesta, no era más que las demás ni poca, ni de menosprecio por una naturaleza que hace todo bello, porque todo crea. Malena y Jesús se encontrarían, y se amarían porque podían, no porque quisieran estar en aquel lugar. El amor lo buscaban, el amor lo encontraron porque llenaron los huecos vacíos.
Jamás imaginaría que mi vida sería eterna entre los hombres, que distorsionarían tanto mi legado, y que usaran mi historia para vencer la libertad.
Jesús regresó a su pueblo natal, y perdió la fe. Trabajó años y no quería aceptar su destino. Quiso amar, y lo encontró en una mujer que nunca imaginó, ni que consideró en su camino. Malena llegó a su vida y juntos caminaron desiertos y legaron palabras de amor. Vivieron juntos en Cachemira.
Jesús tuvo hijos, y los vio crecer y tuvo una muerte digna.
exhs
La historia emana del amor y regresa justo allí.
Malena y Jesús se conocieron en un contexto que dista mucho del ideal premonizado en el que trabajan los poetas, amantes del amor, del idilio de los colores amarillos y la gracia del otoño.
La soledad es necesaria para reconocer y extrañar al otro, sentirse con tanta necesidad de ser participe en un organismo, de interactuar y de ser en el reflejo de la mirada de otro ser. Sentir bajo las acciones de otro, el miedo que nos produce el otro ser, la gracia y el amor por ser. Somos por los demás, no hay más. Existimos y tal vez por eso imploramos a Dios venir al mundo, porque cuando partimos de aquí ya no somos, ahora es la muerte.
De todas las mujeres habidas y por haber. Jesús se enamoró de pocas, pocas le motivaban a decir una palabra, y la soledad le movía a convertirse en un monstruo, cuando aquella vez se desterró al desierto para buscar la verdad inalcanzable, inabarcable, tan grande y lejana, tan hermosa que nos ve con indiferencia ya veces nos da un sorbo. Satanás amenaza con gracia darlo todo, y Jesús se niega. Jesús dice no, y prefiere vivir como ser humano, como hombre, con humildad por no ser Dios y con hambre por obtener toda la verdad.
Malena deambulaba por las calles y su belleza era modesta, no era más que las demás ni poca, ni de menosprecio por una naturaleza que hace todo bello, porque todo crea. Malena y Jesús se encontrarían, y se amarían porque podían, no porque quisieran estar en aquel lugar. El amor lo buscaban, el amor lo encontraron porque llenaron los huecos vacíos.
Jamás imaginaría que mi vida sería eterna entre los hombres, que distorsionarían tanto mi legado, y que usaran mi historia para vencer la libertad.
Jesús regresó a su pueblo natal, y perdió la fe. Trabajó años y no quería aceptar su destino. Quiso amar, y lo encontró en una mujer que nunca imaginó, ni que consideró en su camino. Malena llegó a su vida y juntos caminaron desiertos y legaron palabras de amor. Vivieron juntos en Cachemira.
Jesús tuvo hijos, y los vio crecer y tuvo una muerte digna.
exhs
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