La maldad del hombre

El mundo nos hace fríos, cálidos, a distancia, sin remordimientos, con ganas de pero sin permiso. La tierra nos hace endebles y preferimos agarrarnos de las creencias, nuestra imaginación es lo único que nos puede salvar de la realidad.

Los hombres en el mundo tienden a corromper la libertad. Los hombres en el mundo gustan de la violencia, del grito y la maldad. Los hombres en el mundo aprenden que para ser buenos hay que saber de lo que daña, empobrece, discrimina y maldice. Los hombres en el mundo tienden a encerrarse en círculos de vicio.

Los hombres en el mundo aprenden a lastimar. Matan, y escriben historias de muertes prematuras, a manos de hombres, daño de hombres por hombres, entre distintos sexos, entre distintas edades; porque se desea que se expanda por el mundo el daño, el impacto a las almas y a los cuerpos.

Los animales sufren, los hijos de los hombres lloran y las futuras generaciones anhelan que su venida sea definitoria para cambiar los escritos permanentes de dolor y arrepentimiento.

Los hombres viven tiempos en que la solidaridad suele ser un pecado. Reconocerse en los demás suele ser contraproducente y las miradas matan, la desconfianza crece y la locura se enaltece por encima de la humanidad. Y los hombres se agrupan, se dividen, las fuerzas se contraponen sin una sola energía que comande. El bueno y el malo, la luz y la sombra, la gracia, la vida y la muerte. Nuestras creencias nos salvan de la realidad, y la imaginación es nuestro escaparate para la cárcel de la tierra, de nuestros semejantes, hermanos que osan dañar al otro con injurias, palabras, verdades, manos y artefactos, armas y sangre.

Embarran a la historia de sangre y dolor.

Y es increíble la manera en que los hombres, después de sufrir, pierden contacto con la realidad y se olvidan de la desgracia que va a ocurrir.

Los hombres buscan alivio, a otros hombres con poderes sobrenaturales, con ritos y oraciones que pongan paz en los corazones de los hermanos. Pero siguen la injuria y el desprestigio. La familia se vuelve la organización criminal que hereda los males que nunca terminan, que conocen por siempre la eternidad. El poema cura, la palabra sana y la imaginación es nuestro último sustento.

Los hombres privan de la libertad y luchan y mueren por ideas. La humanidad, hombres y mujeres, promueven la ira y la rabia, el descontento y la venganza con sus hermanos, y ponen a prueba la fe.
-Me dijeron un día que la vida era una escuela de cuna a tumba, y que nuestra existencia no era más que una prueba de Fe. Creer en la humanidad, en el otro que me hace daño, en las malas enseñanzas, en la venganza, la pena, el llanto, la incredulidad, el desconcierto con que se dicen las palabras, el poco cuidado de las acciones, el impulso, el ímpetu. El otro nos sirve para compartir nuestra desgracia y nuestra felicidad. Somos todo en la otra persona. Sin los demás somos nadie.

Me desalienta buscar a Dios en un mundo lleno de dolor. Y si los demás no se lo permiten, yo seré feliz hasta donde me permita el espacio y mis fuerzas.

La maldad del hombre conduce a Dios, sólo que no nos damos cuenta.


exhs

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