Honorable Padre que se siente humillado.

Había yo padecido la maldición de ser escritor, todo parecía verdad, la ficción aterrizaba en la tierra, y mi Padre sufría las consecuencias de ello.

En las novelas y cuentos que yo escribía, el Padre siempre aparecía como un tipo rudo, sin moral y con una furia inmensa que daba miedo, que aterrorizaba la existencia, que hacía penosa esta experiencia de vivir, de ser humanos y semejantes compartiendo un espacio que nos da la posibilidad de tanto, de amar. 

Mi Padre era muy diferente a mis escritos, era lo opuesto, un cuento sincero, lleno de palabras esperanzadoras, siempre atento en los momentos de mi dificultad para sobrellevar la vida. Nunca me faltó buen consejo ni dinero para emprender mis sueños. Pero era mi vida, tenía que aprender, a veces, sin mi mejor amigo, mi Padre.

Jamás quise herirlo en ningún escrito de todos los que hice en mi vida. Mi Padre fue mi mentor, y el mejor y único amigo que pude tener. Si Dios me dio a escoger un socio y un amigo antes de venir al mundo, ese fue mi Padre.

exhs

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