El chico
Aquí ronda Dios a pesar de sentirse uno abandonado, de no tener más que gritar por desesperación y con los sueños descansando pues han muerto. El niño tenía grandes aptitudes de escribir y en licenciatura le callaron por el uso tan malo que daba a los signos de puntuación, pero en ortografía tenía buenas aptitudes y la maestra de redacción avanzada quedaba maravillada con sus creaciones del chico que escribía inspirado encerrado en su círculo privado, la ésfera budista.
El chico tenía serios dolores del alma porque aguardaba todo el amor que sentía por aquel amor paltónico que figuraba en una chica de pelo color negro y una belleza modesta. Era mucho amor y no sabía por qué.
El chico tuvo que guardar todos sus sueños muertos. Y ya no andaba con rumbo a ningún lado, estaba en un desierto añorando respuesta de un camino, una vida, un sentir, sentir....¿de qué? ¿de ser valorado?¿de ser algo más que un humano? ¿de servir para algo más que la creación? El chico no era modesto, mucho menos humilde, pero fue aprendiendo con los años.
Y las personas gustan de burlarse de la miseria de los demás, y del fracaso del chico al no encontrar trabajo, novia y estar desamparado en una soledad que da muchas virtudes, pero también desconcierta. Las personas y los familiares le regañan, más el hermano, que le impone en su rostro todos sus errores. Y el chico aguanta, en la oscuridad donde habita el silencio y el frío.
No existe un amor ideal. No existe la chica, no existe su sueño de infancia ni la terrible confusión que le provocó la universidad al cambiar de rumbo el curso de sus ilusiones.
No hay la voz de Dios, pero no pierde la esperanza y eso es algo inaudito para este chico que podrá carecer de mucho del tesoro que nos puede brindar este mundo para la mayoría de las personas, pero no para todas. El chico hace lo que puede haciendo disfrute de sus capacidades físicas y mentales, y tiene limitaciones, carece de la verdad y de muchas destrezas como tocar un instrumento musical o escribir muy bien, tal vez actuar o ser un gran orador. Pero el chico tiene tan solo 25 años y una vida entera por delante.
¿Quién hubiese imaginado que correría rápido?
¿Quién hubiese imaginado que nadaría rápido?
¿Quién hubiese imaginado que sería responsable?
¿Quién hubiese imaginado que mejora día con día porque quiere servir al dictamen de verdad que le indica su corazón?
El chico puede resultar poca cosa, muy poca cosa. Es un ser viviente más, con cabello, ganas de aparearse y ganas de trascender, tener fama, ser un líder, un hombre al que la historia lo encumbra como alguien supremo, único que viene a cambiar las cosas como un mesías.
¿Quién sabe del chico?
¿Dios?
El chico ya no tiene rumbo. Habita en un desierto sin ilusiones ni destrezas, ni herramientas para salir adelante. Está tirado de boca arriba hacia el sol sintiendo la monstruosidad del calor, sin tener agua que beber.
Es muy fácil criticar y señalar los errores del chico.
Lo peor de todo es que muchos no le podrán perdonar, pero el carga con su propio juicio, con su propia culpa, con su peor juez-él mismo.
No le pudo decir a la mujer que amaba.
No pudo cumplir el sueño de su infancia.
No sabe ya qué camino recorrer.
Entonces, ¿qué diablos hace el chico aquí?
Habremos de esperar,
porque la muerte llega sola.
exhs
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