Seré Presidente.
En un lugar de eterna lucha de clases sociales, la brecha entre pobres y ricos se hace cada vez más y más grande. La señora encantada de la vida aplaudía a su discípulo y lo encumbraba como el hombre del futuro al cual sería designado la silla presidencial por su lucha burguesa en pro de las ideas libertarias.
Dos historias, dos contextos, dos mismos propósitos: Ayudar a México. Aquel hombre burgués llegó al seno indicado para ser niño bueno de altas calificaciones, el hombre ejemplar, libre de cualquier atadura o ataque a su persona. Ese hombre era un ser ejemplar, y lo sigue siendo. De sincero, escala y escala y estudia en las mejores escuelas pero tiene aún más suerte, conoce a la elite del país; tiene una mejor formación y unos mejores padres; eso le ha permitido ser un mejor hombre y tener más salud mental.
El hombre que escribe cuenta con una historia distinta. No contó con la misma plataforma pero lleva el mismo número de éxitos académicos que su rival. Es más fuerte porque ha sufrido más. Estuvo en las tinieblas y el seno familiar no era prometedor. Escaló y se volvió infiltrado de la elite social, aún no de la más alta pero alcanzó la misma plataforma: las mejores escuelas, las mejores opiniones y buenas calificaciones. Un hombre cabal, reservado y alegre. Un hombre hecho en el sudor de la frente, de competencia brutal por querer siempre ser de los grandes majestuosos que pelean en el olimpo; eso le ha llevado a alcanzar grandes alturas. Más en contra por eso de la violencia que se vive abajo, de los paseos en los tianguis y de haber vivido en la provincia. Alcanzó la metamorfosis y se alzó como un hombre prometedor.
Ambos se encontraron, uno con más poder que el otro, en el mismo resultado de sus vidas hasta ese momento.
Al hombre de abajo nadie le dijo que sería presidente, al contrario de ello, más insultos y dificultades, descalificaciones y envidias por haber crecido más que sus semejantes del mundo de abajo. Sin dinero y sin promesas ayuda para escalar en el ámbito social y poder hacerse de dinero para retribuir en fundaciones con los hombres más poderosos del país. Un espectador más, continuando comiendo en fonditas de comida rápida y vendiendo lo que sea para sobrevivir, a pesar del mismo perfil. Ambos exponen sus ideas políticas pero a uno le pagan y al otro no. Uno goza de los privilegios de la riqueza y del éxito de padres bien comunicados. El otro sufre la indiferencia, la falta de afecto, la poca comunicación y fallida en la familia.
Cuando escuché retumbar en las paredes que aquel hombre sería presidente, todo cambió. La tristeza embargó al hombre de abajo. No sabía por qué no estaría predestinado para él algo tan grandioso, o por qué para algunos la suerte sonríe con más brillo. No sabía aquella razón. ¿Por qué no estar en el momento y tiempo indicado? ¿Por qué no tener la calma que otros? ¿Por qué unos nacen en mejor cuna que otros? Interrogantes que invitan a la justicia divina que nunca llega. Y sin embargo sus palabras eran contundentes, con nerviosismo pero con mucho corazón. Un hombre sincero, inteligente y capaz luchando día a día por ser mejor. No era suficiente. Había faltado algo para encumbrar y hacer volar más fuerte a un hombre con grandes promesas. Los angeles volaban a su alrededor y la energía que empezaba a profetizar era amarilla y radiante, como un sol, empezó a crecer y empezó a escalar. Se fue a las montañas para ver de qué era capaz. Barba y el tiempo, sabiduría que crecía en su mente en el silencio de la altura con gran frío y los árboles que limpiaban su espíritu a punto de regresar al mundo de las ideas para encauzar la presidencia del país que habría de iluminar a la humanidad. Y es que elecciones no se ganan con buenos modales sino con carisma.
El hombre poderoso y la elite formada con los amigos de dinero y los que apoyan los grandes movimientos le hicieron más fuerte. El hombre de oro sonreía por ver todos sus sueños hechos realidad. Era el amado por la comunidad académica y por los hombres poderosos del libre mercado.
El hombre de abajo no tenía nada, ninguna reputación, ningún respaldo económico. Estaba solo.
El hombre de abajo no tenía nada, ninguna reputación, ningún respaldo económico. Estaba solo.
En el futuro, el hombre de abajo empezó a escalar de maravilla y los partidos políticos le hicieron honor al trabajo y brillo de su persona, la manera en que inspiraba y el singular carisma que le abría todo camino. En política hay enemigos pero este hombre ganaba toda simpatía, y junto a las fuerzas y ganó la confianza de todos los poderes y gremios del país. Las cartas habían cambiado. Ese hombre sin futuro ni sentido de existencia de pronto se convirtió en el mejor postor para llevar las riendas del país.
El otro hombre empezaba a flaquear, le abandonaban los amigos y su futuro se descontrolaba. Sus grandes planes, a pesar de sus poderosas conexiones y de su estrategia del 1-3-300, ya no funcionaba ni prometía ser el cauce perfecto para llegar al poder y hacerse de la historia.
Los dos hombres de distinta historia y magnitud en la lucha por llegar al poder, fue la eterna parábola de los cambios radicales en la historia de la humanidad. Dos hombres y un destino: Guiar a México. Luchar por México.
En el futuro el hombre de abajo ganó la presidencia de la República en una contienda sin precedentes. Dos hombres que se conocieron en el pasado, pelearon por el mismo ideal pero uno solo ganó el poder de la historia y la trascendencia de un legado que culmina en el recuerdo y amor por la patria; el menos esperado, el de una Fe gigantesca y el de tremenda inseguridad de profecías que le deparaban tragedias eternas, con aquella infancia de temor y miedo, de lágrimas por querer trascender y lograr lo milagroso, lo increíble. El hombre de abajo era las historias que vio en cine y que leía, de inspiración, de transformación y magia. Ese hombre se volvió presidente e invitó a colaborar en su gabinete al hombre de la oposición, cual siempre tuvo todo, cual nunca faltó a presumir sus costosos cinturones, quien nunca tuvo que buscar en un tianguis o de viajar por el extranjero en el tesoro de la juventud.
Dios hizo de esta historia una página más en el maravilloso cuento de los líderes y del amor de los seres humanos por los ideales más nobles y justos para alcanzar la realización de una sociedad en constante crecimiento.
ERICK XAVIER HUERTA SANCHEZ
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