Huir de casa

Todos nos hemos querido ir de casa alguna vez en nuestras vidas. Todavía recuerdo esas veces que escapé.
Primero, hacía un refugio en mi cuarto para no salir jamás al mundo, prefería andar en mis propias ilusiones y construir la realidad que a mí me gustaba. Sobraba imaginación.
Después, huir de casa, salir a lo inesperado sin tutores y sin nadie que me pudiera cuidar. De pronto me veía ahí en una inmensa soledad alejado de la civilización y de mi familia, que había herido sentimientos puros. Escapar era lo que hice unas cuantas veces, en las montañas y en el desierto sin vegetación...arena y tierra, empolvado estaba sin ganas de vivir. La depresión de esos días por tener tanto que hacer y estar atrapado en el yugo de los mandamientos de la civilización, la responsabilidad con la escuela, la histeria de la madre y el desconcierto del Papá. La indiferencia de los hermanos, los desamores y la incomprensión de la vida. A veces te puedes sentir muy solo y sin amor.

Todos nos hemos querido ir de casa alguna vez.

Unas encuentran refugio en sus novios, o se embarazan. Otras se casan. Algunos ven en sus amigos el círculo de protección que sus padres olvidaron hacer sentir. Muchos cuentan con familias, pero son más huérfanos que aquellos a los que les abandonaron sus padres. Son muchos los que gustan la orfandad cuando sus padres no saben qué es el amor. A un pianista no le concede el título un piano. A un Padre no se le concede crédito por embarazar y dar dinero. A la madre no se le da crédito con la preparación de un sandwich. Las nuevas generaciones carecen de amor, muchos. Muchos vuelven a cometer los errores de los Padres como un mantra o una maldición de la que no pueden escapar.

Amor es escuchar.

Amor es verse en el otro.

Amor es respetar.

Amor es dar y tener libertad.

Todos hemos querido huir de casa. De los problemas que escuchamos a la hora de comer, de los que nos cuidan. Nos confundimos y queremos tener otro apellido.

Todos hemos querido desaparecer e inventar nuestro propio mundo, como en esa película que me recordó tanto mi infancia-Moonrise Kingdom-de Wes Anderson.
Un paraíso bajo la luna.

Y en estas fechas, todos quieren estar reunidos, menos yo.

Creo que sé que me depara un nuevo umbral donde caminar, que desapareceré pronto del círculo de siempre, de esta era que acabo de atravesar.

Huir de casa.

En este momento no sé cuál es mi hogar, no tengo aún dónde asentarme pero es parte de la edad. En la segunda década de vida flotas y levitas sin llegar a ningún lugar. Aparecen amores fugaces, musas pero no sabes bien cuál será tu misión, además de ser feliz.

Todos han querido huir de casa, incluso del mundo.

Pero a veces,
a veces es bueno recordar que hay un lugar donde saben tu nombre, donde conocen tu historia y donde añoran tu regreso.

A veces es bueno volver a casa.

Y es bello el camino a casa.


EXHS

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