Mientras sigo pensando en todo lo que me sucede, en todas las palabras que me golpean y me levantan, en el círculo vicioso al que llegué sin querer, sin desear. Víctima de las circunstancias, y me compadezco de mí vida, me tengo pena y tristeza. Algunos me llaman apático. Soy solo uno más en descomposición que se quisiera sentir alegre y querido, amado. Un poco más cerca de Dios. Lo único que quiero en mi alma es ser rescatado del abandono incluso de mi propia vida. No me quiero más, me dejo ahí y ya me he desesperado de tanto evaluar y pensar y pensar y pensar. No puedo más. Ellos dicen que es fácil levantarse y andar, y no se han dado cuenta de que las heridas han permeado en dejarme inválido y Dios no me escucha, se ensordece, me mira allí, y no sé si algún día tenga compasión. Lo que yo necesito no es fuerzas, sino un milagro. Seré sensible, me tomo a pecho la crueldad del mundo al cual pertenezco. Soy sensible que me preocupo sin razón de los demás, del sentido de la vida, de ...