Lo bueno siempre espera.

Lo bueno siempre espera.



En un momento donde la virtud crucial de la paciencia se pierde en el mundo de la civilización actual, por la prisa a consumir, tener y presumir estar adelante, vale la pena reconsiderar la emoción fundamental por la cual podemos proyectar nuestro ser en el máximo esplendor. 

El ser humano está destinado a la bienaventuranza, ananda dicen los Vedas. Los Vedas y Upanishads describen que el ser verdadero es conciencia de la existencia de la bienaventuranza eterna. La bienaventuranza no significa solo el placer sino la naturaleza esencial del ser humano cuando se libera del miedo y los deseos mundanos. En la unidad no hay dualidad. En la unidad no hay división, no hay marginación, todo pertenece. Humanidad, sabiduría, cultura y fortaleza que está en una persona que posee toda la riqueza de la tierra, es unidad de bienaventuranza. La paz es creciente y es profunda. La bienaventuranza, dicen los Vedas, es la naturaleza intrínseca del ser humano y  alcanzar esa sabiduría y ese despego (amor) es el camino para lograr convivir en un estado de plenitud. 

Los Vedas son los textos sagrados más antiguos del hinduismo, considerados por la revelación divina. Los Upanishads son la parte final de los Vedas (Vedanta) centrados en la filosofía, meditación y conocimiento esotérico del ser (Atman), y el cosmos (Brahman). 

El ser humano tiene vocación a la bienaventuranza. Jesús de Nazareth centra su predicamento en las bienaventuranzas. Bienaventurados son los humildes de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Comprendiendo que uno es parte del todo y que el todo habita en uno, la conciencia se expande, el consuelo es real. Bienaventurados los manos, porque ellos heredarán la tierra. Esta actitud de mansedumbre, es ponerse en armonía con el mundo, aceptando las leyes del universo, respetando sus leyes, hay convivencia armónica en la existencia. Lo que nos pertenece, asumiéndolo hay armonía. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. En la confianza de siempre recibir amor, aún cuando nos equivoquémonos distrayéndonos de la plenitud de nuestro propio ser. 

La bienaventuranza es un estado de ser.

 En el ser siempre hay justicia, y sin confundir al ser hay plenitud; siempre habrá justicia, claridad, paz, amor, propósito, causa, misión y visión. 


Erick Xavier Huerta


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