Reconciliación.

Reconciliación.

En nuestras sociedades de la “modernidad”, hay estrés, enfermedades, violencia y sufrimiento. La gente lucha por poseer, quitar, arrebatar, poder y dinero, tierras, poblaciones.

¿Dónde queda el amor?

Tantas historias de violencia que han venido a contaminar la forma en que vemos y nos relacionamos con el mundo. Hemos venido aprendiendo modelos de violencia, modelos para lastimarnos, odiarnos, culpabilizarnos y sentir rencor. 

En las escuelas, en las familias, en las calles, no nos han enseñado a ver el mundo como nuestro mundo ni a vernos a nosotros mismos como parte del mundo. Nos vemos ajenos, y con nulo sentido de pertenencia. Parecemos extraños, ajenos a tanta gente, que busca sobrevivir, buscando hacer algo cada quien por uno mismo para poder comer algo, para poder disfrutar algo, para poder llegar a ser algo. 

¿Dónde está Dios?

¿Por qué la gente vive confundida?

¿Quiénes somos?

Somos la misma familia y la misma especie humana, con la misma capacidad de poder observarnos, relacionarnos, comprendernos, usar lenguaje para poder comunicarnos.  Y nos comunicamos para poder crecer, para poder comprender y entonces asimilar cada una de las experiencias que tenemos cuando nos relacionamos con el mundo, con las estrellas, la playa, el mar, hermanos, hermanas, amigos, amigas, poder, dinero, fama, sensaciones, y con Dios. 

Parece que hay mucha búsqueda de mucha gente por matar por poder, por sentir algo, y esto no ha sido más que el resultado de los gobiernos del miedo, de la cultura del miedo, de la cultura del sufrimiento. Porque si la gente comprendiera cosas tan básicas como este sentido de pertenencia al mundo-universo, todo cobraría un sentido distinto, a pesar de todo. 

Pues, la pérdida del sentido de la vida conduce al suicidio, pero anularnos a nosotros mismos es anular a la creación de la cual somos parte. Buscar lastimarnos es lastimar a los demás. Anular a nuestros semejantes es anular la creación misma, la parte de la creación que se está experimentando así misma a través de una facultad fundamental que poseemos la especie humana: la conciencia auto-reflexiva. 

Contemplo el sol y las estrellas, y el sol y las estrellas son parte de mí, se contemplan y se experimentan a través de esta propia creación que soy yo y que eres tú, cada uno experimentando el proceso individuado del absoluto.

Esta noción entraña compasión y misericordia y un profundo respeto por toda la creación. 

Cada uno de nuestros semejantes que conocemos y que podemos conocer y que existen están habitando este mismo cosmos, esta misma creación, y la perciben y somos todos parte de lo mismo. 

Tú y yo somos el mismo.

Erick Xavier Huerta S. 


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