Todo lo que buscamos es la paz.




Todo lo que buscamos es la paz.

No debe ser fortuito vivir aquí, en donde ha sido cumbre de homicidios, contaminación, violencia. 

El clamor del pueblo es por la paz, y tú y yo podemos hacer algo al respecto, porque no solamente sufren ciertas personas y no solamente la violencia la padecen ciertas personas y ciertos estratos sociales. Quien tiene riqueza material sufre la violencia al igual que quien de pronto carece de bienes materiales. Es la violencia que se padece a nivel íntimo que acaba por proyectarse a nivel privado y público.

Hoy Guanajuato ocupa ya el tercer lugar en registros que marca la secretaría de salud federal por atenciones a violencia intrafamiliar contra mujeres. 17 mujeres han requerido atención médica por casos de violencia en el entorno familiar. Guanajuato es el tercer estado con más casos de esta violencia en todo el país.

Guanajuato cerró este año 2022 como el Estado más violento de México.

Lamentablemente las acciones de nuestros dirigentes y gobernantes no ha reparado en conseguir la paz social y en restituir el tejido social. Se limitan a poner algunos juegos en jardines con juegos metálicos que acaban siendo ultrajados por la delincuencia, denigrados, ultrajados por graffiti y pierden toda consistencia en su misión comunal, la de dignificar la vida del ciudadano. 

El sentido y significado de vivir en comunidad de pronto no tiene tanta relevancia frente a datos que nos advierten la descomposición y destrozo que padece nuestro tejido social.

Nuestros dirigentes y gobernantes han demostrado no saber qué hacer con respecto al tema, y no es para menos, si también viven a merced del miedo. Han pensado que es un tema meramente honorario y se concentran en arreglar lo más fácil, haciendo negocios para conseguir construir más desarrollo inmobiliario, donde muchos obtienen grandes beneficios por estos acuerdos, o en conseguir construir más infraestructura para la sociedad, que vive, dentro de sus hogares una tremenda violencia. 

Y de pronto hay una disonancia significativa entre lo que ocurre con nuestros avances en infraestructura y desarrollo tecnológico en contraste con nuestro bienestar integral, la pérdida de paz y la violencia intra familiar. Más de 17 mujeres viven violencia todos los días en Guanajuato, al menos lo que se consigue registrar, con datos de autoridades gubernamentales. Al menos, unas 74 personas diario viven la desgracia de no regresar a casa. 

Más de cien asesinatos diarios.

En un mes Guanajuato ha registrado hasta más de 257 asesinatos.

Guanajuato es el primer lugar nacional en inseguridad. El año pasado, 2022, 136 registros han existido de menores de edad víctimas de homicidio. 


La problemática de la salud mental se agudizó con la pandemia en 2020 en nuestro país. Ante ese caso, las autoridades se siguen viendo rebasadas. El show mediático de la política poco abona a conseguir la paz y a conseguir salud mental, al contrario, lo agudiza. Es alarmante.

El suicidio ya ha advertido ser la segunda cauda de muerte para el grupo poblacional de nuestro país que oscila entre los 14 y 29 años. En el mundo, jóvenes se están suicidando bajo el consumo de plaguicidas, ahorcamiento, disparo por arma de fuego, cosas que se han registrado ahora como comunes para conseguir suicidarse.

El homicidio es el acto deliberado de quitar la vida a un semejante, a otra persona. El suicidio es el acto deliberado de quitarse la vida y esto constituye un problema de salud pública que se ha convertido en un factor alarmante que nos advierte de una tremenda tragedia a nivel nacional y mundial para las familias y la sociedad. Este tema del suicidio se ha agravado con el aumento en cifras de infantes y adolescentes.

La violencia en México se ha disparado. La corrupción es violencia, porque es falta de respeto por los demás y por uno mismo. Corromperse a sí mismo es violencia. De pronto, esta cultura de corrupción parece imparable.

No podemos permitirlo.

Entre la población de 14 a 29 años se registran tremendos actos de violencia, entre homicidios, accidentes y suicidio. 

El suicidio ha crecido de manera constante hasta nuestros días. 

¿Cómo es posible que nuestro futuro las juventudes sean la mayoría de víctimas de la violencia?

Cifras del INEGI apuntan que para la población entre 15 y 29 años, la primer causa de muerte son los homicidios hasta llegar ya a la cuarta causa de muerte que son precisamente los suicidios.

Nuestro país México es un lugar donde las personas mueren más por la violencia de los homicidios que por accidentes. Es un país donde mueren más por suicidio en todo el continente americano.

¿Qué pasa?

Nuestra angustia nos ha brindado el clamor de luchar por nuestra paz. Buscamos amor, y hacemos todo por el amor, buscamos conseguir amor por doquier, en todas partes, y todo lo que hacemos es por nuestra plenitud. Pero nos hemos confundido, y en la ruta nos hemos lastimado y hemos lastimado.

Cuando escribimos, cuando hacemos cine, cuando hacemos lo que hacemos, trabajamos y buscamos ser queridos, ser valorados. Buscamos aliviarnos. 

Buscamos el alivio.

Grandes personalidades cuando han conseguido un triunfo hablan del alivio que han sentido. ¿Qué han sanado en su interior? ¿Qué hacía sufrir?

Hemos buscado ser queridos y amados. 

En nuestras sociedades, hoy padecemos grandes retos que estriban en no poder vivir en paz. 

Los infiernos cotidianos se han normalizado, la intranquilidad, el estrés, la angustia y el desamparo se han normalizado. La rabia y la ira se proyectan en cada rubro en el cual desplegamos nuestro ser, y un ser puede tener poder, dinero y sexo y si no tiene paz no disfruta de ninguna de esas tres temáticas. 

Queremos alivio.

No hemos sabido cómo producir la paz, cómo dar la paz.

De pronto el amor y la paz parecieran ser temáticas que están ahí en el estante de adornos de nuestro hogar, y no viven, y no los experimentamos en nuestro ser. En cambio, perdemos el sueño, la esperanza y el amor. Buscamos paz, para poder disfrutar de nuestras vidas. Aún cuando muchos hemos podido alcanzar el bienestar material, nos angustia perderlo, y vivimos con miedo, miedo de perderlo todo, de perder nuestra casa, nuestro dinero, nuestra pareja, nuestras familias y nuestros hijos. 

¿Qué decir? Que vivimos inseguros, porque no tenemos paz, porque esos instantes suplerfuos, de pronto inalcanzables, añorados, apenas atisbados en nuestra conciencia, se derriten en el mundo líquido. Pareciera que nunca podríamos vivir en paz. Una paz que se ha perdido por la inseguridad de nuestra integridad, como en este pueblo de Guanajuato donde se han registrado tremendas cifras de violencia contra las mujeres, los niños, los jóvenes, cifras altas de suicidio, homicidio y feminicidio.

¿Somos vulnerables para siempre?

Una gran carga de culpa y rencor deambulan por calles y hogares de nuestro mundo, más en occidente y esto es la raíz profunda de la violencia que se dispara, crece y atormenta por épocas y temporadas a la humanidad. 

De pronto hay una violencia que se padece a nivel individual que se proyecta en pareja, en familia y en sociedad y crece y repercute hasta proyectarse en las autoridades que nos gobiernan y el cíclico, revolvente, un flujo interminable que nos hace sufrir en una espiral de violencia que nos induce a la involución, al estado de la barbarie.

¿Somos víctimas de nuestras circunstancias?

        Podemos habitar en paz, pero necesitamos acciones deliberadas, un modelo que presente una ruta primordial en que el individuo pueda conocer la manera para poder habitar su paz y no quedar a merced de un tejido corrompido por la violencia. 

Necesitamos hacer énfasis en la cultura terapéutica y abonar con diálogos significativos que permitan que desde cualquier trinchera re-elaboremos nuestros procesos de experiencia interna que cada uno de nosotros tenemos frente a nuestro entorno con una misiva fundamental de rescatarnos, crecer y desde la plenitud ayudar a los demás.


Podemos.


Erick Xavier Huerta S. 


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