Una vida comunicativa
Una vida comunicativa
Cuando realizaba mis estudios profesionales en ciencias de la comunicación, comencé mi aprendizaje de semiótica en la cátedra impartida por Alfredo Tenoch Cid Jurado, quien logró su doctorado bajo la propia tutela de Umberto Eco.
En semiótica aprendimos los orígenes: Charles Sanders Peirce es considerado el padre de la semiótica junto a Ferdinand de Saussure.
Peirce fue el autor que aportó la noción tripartita del signo: referente, interpretante y realidad. Este autor centró justamente su atención en desarrollar un sistema que explicara la relación del hombre con su mundo.
Por tanto, era una base fundamental en las ciencias de la comunicación conocer y dominar la semiótica, como fundamento para el quehacer comunicativo, en cualquier rubro, discurso cinematográfico, textual, audiovisual, televisivo, y social en la red.
Semiótica, aprendimos, es una ciencia que estudia diferentes sistemas de signos que permiten la comunicación de individuos.
En sí, el universo es un sistema de comunicación de signos. Los signos pueden ser caracterizados según su forma, verbales (palabras) o no verbales (sistemas de signos no lingüísticos), y a través de los canales en que se transmiten, pudiendo ser sonoros, táctiles, olfativos, gustativos. Tenemos signos captados a través de nuestros sentidos. Y un signo, propiamente se da por la relación semiótica de lo designado, el designante y la representación. Dicho esto, podemos comprender que el estudio de los signos implica un meta conocimiento. Comprendemos pues, que como todo significa, como todo es un universo de significación, habitamos en un universo semiológico. Tanto es así, que hay diversas disciplinas enfocadas a estudiar cada uno de los signos en las personas, de todos los procesos que vienen experimentando a lo largo de su vida, tal como los estudios de la tanatología, la fisiología, la sociología, la filosofía, la pedagogía, la antropología. Al tanto, recordemos los propios dichos por Charles Morris, que consideraba la semiótica como una disciplina que posee una doble relación con la ciencia, cosa que implica que se trata de una ciencia más y un instrumento para estudiar al resto de las ciencias, una metaciencia.
El signo, lo comprendí bajo la definición de Peirce, «aquello que está en lugar de otra cosa para alguien bajo cierto aspecto y/o circunstancia»; es decir, el signo es un rastro, una señal. A partir del signo surgen los contextos de significación. Es una de las definiciones que más permeó en mi psique, a lo que más atención le brindé, además una base fundamental para todos los estudios de las ciencias de la comunicación. Y lo que no sabía, es que la definición tenía implicaciones trascendentes en mi proyecto de vida, porque justamente mi vida ha quedado dedicada al ejercicio de la comunicación y a su estudio y enseñanza.
El significante es el que designa algo, mientras que su significado es lo designado (representación o concepto mental).
Semiótica es un término anglosajón y la semiología es un término de lingüística general. Se han debatido los dos términos sobre sus alcances y sobre las nociones que pretenden en el abordaje teórico del signo, pero en ambos casos se constituye una ciencia madre de la comunicación. De esta manera, parece haber un consenso en el término de semiología acuñado por Ferdinand de Saussure, explicando así «la ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social». Hablamos de un modelo de comunicación.
Incluso Saussure expresa que el signo se puede definir como la representación de la realidad. Todo es interpretado como un significado, y por ello se argumenta la expresión de que el significante es la huella psíquica en la mente. En esta teoría de Saussure, quedó implícito la idea de que tanto el significante como el significado tienen una cara material y otra mental.
El significante es cualquier palabra, cuyo principio es la linealidad, porque se desenvuelve en una extensión lineal, y tiene una naturaleza auditiva y solo se desarrolla en el tiempo. Al tanto, pensemos en esbozar como ejemplo la palabra “árbol”, un signo— significante, (que apunta invariablemente al significado, es decir, a la representación o concepto mental de lo que es un árbol) letras una delante de la otra, pero si cambio el orden de los elementos, cambio al significante. Si leo, si escucho “lobár”, y sin dejar del lado sus sílabas y acentos, cambia; otro ejemplo sería «CASA», «SACA», «COSA», «SACO»—. Pero sabemos que si el orden no está asociado a un significado, esto no sería un signo. A este proceso lo denominamos semiosis, fenómeno explicativo de instancia donde “algo significa algo para alguien, y por tanto se es portador de sentido”.
La lengua, por ejemplo, constituye un universo social. Es un hecho social, se registra pasivamente, constituida por signos, un conjunto de códigos, y es concreta. Tanto así, que la comunicación implica la comprensión del código, lo que permite intercambiar la información—y para que se efectúe el acto comunicativo, el emisor y receptor deben compartir y usar el mismo código.
Se da una arborescencia semántica, la traducción de la palabra, su sentido. Las arborescencias semánticas, dentro de la perspectiva de la semiología de la vida cotidiana, son aquellos procesos de resonancia significativa a través de asociaciones lingüísticas donde el sentido conceptual de las palabras, tanto como su fonética y morfología, nos conducen a otras palabras y conceptos en una red creciente de relaciones donde puede evocarse la totalidad del universo discursivo.
Todo el tiempo estamos interpretando signos.
Al tanto, en semiología de la vida cotidiana, comprendemos las arborescencias semiológicas como los procesos de resonancia significativa entre lenguajes no-verbales que poseen una estructura de sentido en sus propios términos.
Roland Barthes explicó que el planteamiento de Ferdinand de Saussure, implica una noción donde los componentes del signo son el significante y el significado—a partir de ello, la comprensión de saber que el plano del significante constituye el plano de la expresión y el plano del significado está compuesto por el plano del contenido.
Al pasar los años, me reencontré con el estudio de la semiología, pero ahora aplicado a la vida cotidiana, por el doctor Alfonso Ruiz Soto. Y es que la semiología se había venido aplicando todo, menos al estudioso, menos al personaje principal que había venido usando la herramienta para conocer de todo, menos de sí mismo. Esta es la gran aportación teórica que hace en este modelo el maestro Ruiz Soto, que implica saber qué significa la vida cotidiana y qué significa la persona.
Si el universo es comunicación, todo percibe signos, procesa signos y proyecta signos. Para comprender más sobre cómo aplicar el modelo de semiología de la vida cotidiana al ser, se debe comprender que todo son signos, códigos, estructuras, sistemas y modelos. La semiología, de esta manera, enfatiza el proceso de los significados.
Todo signo forma parte de un código y un código forma parte de una estructura. Por partes, sabemos que el signo es la unidad mínima de significación; mientras que el código, es con consenso de significación—es un repertorio de signos (de la misma naturaleza) ensamblados que integran un contexto mayor de significación. Sabemos así pues, que todo conocimiento está codificado, y aprender algo es aprender un código.
El código es el ingreso al conocimiento.
Un ejemplo común, es la lengua como código, conjunto de signos
lingüísticos y reglas que permiten formar y combinar esos signos.
Por su parte, la estructura, según Levi Strauss, implica la noción de comprender
que se trata del carácter del sistema, pues si modificas un elemento, eso alude a una modificación de todos los demás elementos. Y la estructura, según Ruiz Soto, es una noción abstracta que relaciona diversos códigos, unos con otros con la totalidad.
Toda estructura es una noción que relaciona a la parte con el todo, y toda estructura es dinámica por los signos que fluyen.
La confusión típica es entre estructura y sistema, pero, en semiología de la vida cotidiana se distingue sistema de estructura, por ser el flujo de la información que corre a través de la estructura previa.
Y el modelo, la abstracción de un sistema de cualquier índole que permite la comprensión de las nociones de estructura, código y signo.
De tal forma, que este estudio viene a servir como un instrumento crucial para el conocimiento de uno mismo, poder transformar el escenario interno de conciencia y en consecuencia transformar nuestra calidad de vida. Porque el centro de tu propia vida, eres tú, proyectando tu propio ser.
Erick Xavier Huerta
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