Aferrado al amor.
Aferrado al amor. No estoy aferrado a la belleza. No estoy apegado, a su encanto. Contemplar el cielo es un regalo, es la majestuosidad que pueden mis ojos tocar, o como el mismo tocar del paladar de mi boca cuando puede saborear la fruta y beber agua cuando buscamos saciar la sed. Son los sentidos, que disfrutan experimentar la vida, el cuerpo, mi encanto de poder desenvolverme por el mundo, a través de mis pasos, con mis pies en la playa, con el viento que roza mi rostro, con la transformación de mi ser, a cada instante, por cada flor que aparece. Yo no muero, sólo voy, continuo, voy, voy, desapegado del propio cuerpo. No estoy enamorado de sus ojos, ni del brillo de su voz. Sólo he contemplado, y describo en su momento y en mis recuerdos, y cuando evoco su belleza, vuelve el palcer, porque los recuerdos son el inicio, son la experiencia, y de ahí parte la verdad. El color difuso de sus pupilas y la inocencia, los colores tenues de su alma, oscilando siempre en los matices ...