Frío en París
Las sábanas desconocían su pasado. No sabía el aire de sus pensamientos. Se entregó dejando de lado su dolor. Extranjero en tierra de poetas, admirando el bello paisaje cobijado por los árboles de nostalgia, melancolía y amor de la tierra de París, en el mismo entendido de la misma lengua de mi madre, pudo hablar con una mujer que se resguardaba allí tratando de hallar consuelo, nuevas experiencias, tratando de ser, porque en tierra extranjera, dicen, puedes ser alguien. Los títulos de la tierra extranjera prometen nueva vida, una nueva óptica, para que te miren diferente. Pero yo, yo era distinto, yo sólo iba por ocio, yo sólo iba porque así me había arrastrado el viento. Hasta aquella tierra; respiré nuevas prosas, nuevos cuentos. Aquella arqueología te hacía suspirar la sangre, la batalla, el dolor de la plebe, el fuego interno de la revolución. El amor, era lo último que buscaría experimentar, mucho menos con la prisa, mucho menos con el tedio, mucho menos con la atmó...