METAFÍSICA
Las personas no se dan cuenta de que el amor, significa conciencia, vivir despierto, vivir en el presente, estar alerta de que todo sucede en mí y que yo existo en el universo, piso y convivo y confluyo dentro de la misma conciencia que todo lo crea y que todo lo recicla.
Soñar aún con la misma mujer, es una pena y es una dicha al mismo tiempo. A pesar de que me dijo adiós por una rabia que le robó su alma, por el coraje de no poder lidiar con la existencia. Ella, no me tuvo paciencia. Ella me quiso y me amo pero acabó por ceder ante la presión del mundo externo, de las razones inequívocas por tener que ceder nuestras ilusiones a la terrible fatalidad de la rutina y el deber de trabajar por ganarse la vida.
Soñar con la misma mujer, es un deleite, porque mi alma, que abarca todo el mundo, aún la encuentra en viajes por el universo y goza de rozar más allá de su piel, toda su esencia, porque ella y yo nos anhelamos, nos complementamos y estamos juntos a pesar de la tierra, de la distancia, de la lejanía y de la obstinación de nuestros pensamientos por querernos arrebatar por completo el deber de nuestra apasión, por desearnos, por construirnos dentro de los sueños y la ilusión en el mundo que conjuntamente hemos acordado, con nuestras profundas miradas, a veces, siempre rehusándose en el pasado por quererse encontrar.
Nos sentimos en la lejanía, y no lo queremos aceptar. Nos anhelamos desde trincheras distintas. Y todos los día cumplimos con nuestros quehaceres, cumplimos con nuestras rutinas, albergamos nuevos sueños y buscamos retos y nuevos paisajes que nos distraigan de nuestra pasión, de nuestra absurda creencia de poder volver a reunirnos y abandonarnos al imposible poder que nos vuelve a juntar, que no nos deja deprendernos, por nuestras caricias, por nuestra creación, en el flujo de la energía cuando nos dejamos tocar por nuestros cuerpos. cuando nos acariciamos, cuando nos besamos, cuando estando próximos, iluminamos al mundo.
Yo vivo en paz. Porque amarla es un deleite, aún estando lejos de ella, aún no habiendo tenido circunstancias favorables por continuar estando juntos. Así fue nuestra vida hasta que ella se hartó por estar viviendo ilusiones que la tierra parecía no poder permitir que se volvieran realidad en el tiempo. Ella por eso dijo adiós, y se fue, con enojo, con ira, diciéndome tonto y echándome culpa de una absurda creencia que he tenido por expresarle al universo mi sincero agradecimiento por amarle más allá del tiempo.
Nos hemos quedado simplemente en los dibujos que retratan cuando hemos hecho el amor, cuando se ha dejado acariciar su cabello, cuando se ha dejado desnudar, cuando gusta de sentir, cuando ella es deseo, cuando ella es pasión, cuando ella da placer, cuando ella gusta del placer, cuando ella ama, cuando ella quiere, cuando ella sueña, cuando ella está presente, cuando ella por fin es feliz.
Pero ella no creyó en eso. Se fue, y me ha escrito, lamentando el tiempo, lamentando la desgracia de haber dicho adiós a sus propias ganas, de amar, de amar intensamente en escenarios imposibles, en escenarios donde abandonarse a lo increíble requiere voluntad y desapego.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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