¿Cómo echar todo a perder?

Hace unos años, corría como el viento. Era una figura esbelta, atlética, y todo de ropa me quedaba. Estaba muy bronceado por el sol, y tenía energías inagotables. Pero eso vino a cambiar, después de la maestría y mi turbulenta incursión al mundo laboral, sin apoyo casi alguno, huérfano, y solitario en las megalopolis del hombre. No tenía amigos. Tenía conocidos. Ni siquiera la familia puede ayudarte en esos casos. Algunos miembros de familia se preocuparon por mí. No todos.

Yo, por esos días me quería independizar, pero era esclavo del sistema consumista. Hasta la fecha no puedo sucumbir a mis deseos de coleccionar lo que me gusta: películas, juguetes y tecnología. Creo que todos estamos por allí. Sin embargo, siempre ha existido una parte de mí que busca estar desapegado, como un jedi, como un tipo que alcanzó la luz que Buda vio y la sabiduría que aprendió sentado debajo de un árbol. 

Aquel joven atlético, se perdió. 
La ciudad, el smog, sus vicios y su tristeza, empezaron a mermar mi salud. Ahora debía lidiar con el tráfico y la mala alimentación. Me enfrenté a una sociedad que te quiere matar, exterminar. Que es peor, tal vez, que la naturaleza en su estado más básico, fuera de la industria y de la mano del hombre. 

Por eso decidí largarme, y regresar a provincia con mis Padres. 
Pero ya no era una auténtica provincia. Todo el país estaba inmiscuido en el miedo, y el desequilibrio social se encuentra en todas partes. O tal vez eso me tocó a mí, porque donde vivo, existe un corredor industrial muy importante y llegaron trasnacionales a todo el Estado, sobre todo, a la comunidad vecina, Celaya, inundada de japoneses. Ahora Celaya ha crecido, tiene muchos hoteles y más servicios. Se incrementó la economía, dicen algunos. Presume el gobernador, que ahora, ese es el camino, y por eso se siente muy bien en autoestima. Porque parece que las cosas funcionan. 

Yo no me siento tan bien.

Tal vez haya sido el hecho de que trabajé arduamente, cargando con muchas responsabilidades. Pero es que acá, no hay mucho compromiso. Yo lo veo en la gente. Les pesa trabajar, tal vez porque no es suyo, o tal vez por rencores, envidia ó fallas en el sistema. El asunto es que un gremio pequeño vive en una burbuja de buena autoestima ligado a su recompensa económica por el asunto en el que esté desempeñando algún tipo de servicio a la comunidad, como líder, empresario, artista o que se yo. Todos van a wal mart, todos van a mc donalds. Y es tan fácil mirar cómo echan todo a perder, que te seducen, y te vuelven uno de ellos.

Ahora sigo comiendo mal. Tal vez porque ya no le encontré motivo alguno a sentir felicidad todos los días. Tal vez porque me cansé de ser feliz, de trabajar y esforzarme tanto sin recompensa alguna. ¿Cuál es el motivo de vivir? Ya no tengo propósito en los días. Me cansé de estudiar. Cargo con deudas a las que me ayuda la familia a pagar. Deudas escolares, por haber querido estudiar. Tanto, que ya ni siquiera puedo pensar en estudiar en una academia de renombre, por el costo, por la pérdida de tiempo, porque quiero más dinero, quiero vivir diferente a estar de rata de biblioteca todo el tiempo. La vida se ha hecho pesada y yo he subido de peso. Ya ni siquiera quiero ser presidente de mi país. Mis ilusiones las tiré al escusado, y me la paso tranquilo, sin ambiciones, sin querer ser más. Incluso rebelde. Pienso que no somos libres. Que incluso, el Presidente de la república, es un títere del orden mundial. Me acuerdo de Lenin y de sus ganas de querer cambiar a su país a una política en contra del sistema de orden mundial, y que incluso por eso perdió territorios en su momento y que incluso por eso, tuvo que acceder en un principio a mantener una política de mercado para subsanar el hambre que había en su país, producto de unas guerras que dejaron devastada a la sociedad rusa. 


A mí me gusta la tecnología, y me gusta el mercado americano que me lo hacen llegar por todos lados. Pero también es injusto que nos despojen de la libertad de elegir un producto cinematográfico de oriente o de los países europeos, que tienen tan buena calidad, sólo, por el simple hecho, de repartirse el mercado. 

Ya no me caben los pantalones y ahora troto, ya no corro. Me cuesta levantarme a las cinco de la mañana para ir a nadar con un grupo de señores que desquitan ahí su ira. ¿Y los jóvenes? Donde vivo no hay jóvenes, hay títeres, hay infantes, hay poca racionalidad, poca mente. Vine a residir en un lugar donde no conocen de libertades, de expresión, de análisis y todo es corriente, salvaje, fuera de estatutos, fuera de derecho, fuera de comunidad. 

Donde vivo la gente levanta muros y nadie es amigable. Hay pocos que son amigables. La elite de aquí es una pequeña bola de individuos ególatras que sólo buscan alimentar su soberbia ignorante. Festejan sus autos, su ignorancia, sus herencias y nunca trabajan. Aquí pocos trabajan. Casi todos tienen flojera de vivir. Lo dicen sus panzas, su gordera, su corazón que late a ritmos cansados, lentos. Todo es lento, todo es pausado.



Ahora mismo no sé si cometí un error.
A veces pienso que dios me usa para ir a lugares y destapar la maldad para que nunca más exista. A veces pienso que llevo luz a lugares. A veces lo siento, y tal vez es eso que me reconforta. Pero me faltan energías, me falta fuerza, espíritu y todos los días me vuelvo un hombre sin fe al ver cómo muchos lo echan todo a perder.



Tantas personas se les dio la oportunidad de amar, y terminan arruinándolo como yo he arruinado mi cuerpo y mi corazón. No laten igual, no funcionan igual. Porque soy pobre, ignorante y me abandoné a lo fácil, al descuidado, a sucumbir a mis ganas intensas de comer y comer golosinas y grasas y carbohidratos. Es muy fácil echarlo todo a perder. Una herencia, malgastada, por un ignorante. La reputación de años, echada a perder, por un desliz ó tal vez las ganas de por fin hacer algo bueno y que nadie te apoye porque en tu pasado se te hizo fácil echarlo a perder. Un momento, un instante, es lo mínimo que necesitas para echarlo a perder. Nunca debes perder el ánimo, las ganas, el positivismo, sino echas todo a perder. Un insulto, una infamia, deslealtad, y ya. Finito. Se acabó. 


Puedes tener miles de casas, y si no las cuidas, las echas a perder. Puedes tener un cuerpo, piernas para caminar, pero si no las cuidas, te privas de hacer eso, caminar plácidamente antes de perder la juventud. No puedes disfrutar del mundo y del amor sino cuidas primero tu cuerpo que es tan fácil ahora de echarlo a perder. 

Y tenemos más mecanismos de enajenación que echan a perder nuestro sueño, nuestras ganas, y nos forjamos nuevos vicios de estar atentos a las series de televisión y al consumo por dinero para dar dinero porque todos quieren dinero. 


Ahora mismo no me importa nada, ni morir de forma violenta. Porque no tengo nada qué perder, salvo mi vida y ya, en un un mundo que me quiere echar a perder. 


Puedes tener un cerebro brillante. Pero te la puedes pasar sin leer, sin cultivarlo de ánimo e inteligencia y lo vas a echar a perder, como todo. Todo necesita mantenimiento, ganas, ánimo, esfuerzo.
Es inútil comprar plantas si no vas a tener agua y tiempo para regarlas y cuidarlas.
Es inútil enamorarse si tienes miedo de gritar ¡te amo!
Es inútil conseguir pareja, pedirle matrimonio, tener hijos, si después te vas a aburrir, a olvidar tu compromiso, o a tener miedo de una persona que no supo cuidarse, que se abandonó, que dejó eso mejor a otros, porque no quería responsabilizarse de sí mismo. Y así viven todos, con tesoros en el corazón, y lo echan a perder, porque no lo cuidan, porque tienen miedo de usarlo, que mejor, optan por nunca echar a andar la riqueza que tiene, a no invertirla. El mundo está hecho para destruirte, con mensajes, con sistemas, con ideas.
Depende a qué escuela vayas, podrás ser algo más que un simple ciudadano corriente, mecanizado por el sistema para desempeñar ciertas tareas. Y tú decidirás si quieres ser libre. No es tan sencillo. Las clases sociales te lo impiden.

Aquellos que crecieron pensando en ser potentados de tierra, creen, en su burbuja, que merecen castillos, príncipes y princesas y usan con no prestarte atención porque la sangre azul pesa más, te hace más inmortal y más perfecto. Así crecí yo, en una sociedad así.
Sufrí desde pequeño clasismos. Sufrí desde pequeño carencias. Al crecer cambian las cosas, porque eso te vuelve más fuerte, más listo, más astuto, más atento, más inteligente. Porque tienes que sobrevivir, porque las cosas no son fáciles. Pero detrás de todo el aparato del sistema, hay ideas que asustan, hay medidas radicales que oprimen, que no te dejan ser tan libre. Ahora te observan, te analizan, saben de tus tendencias y de tus pensamientos futuros; y osan con quererte controlar desde ahora, y osan con pretender mermar alguna acción futura que dañe o desestabilice nuestra situación.

Los países colonizadores ya ni siquiera se preocupan por México, porque aquí, los mismos hermanos gustan de matarse.

No tenemos enemigo foráneo, ni amenaza terrorista cuando en el seno de la familia se encuentra el odio y el desapego al valor del honor.
Aquí los pobres quieren que seas pobre y los ricos quieren que seas pobre. Aquí las cosas no florecen. Las cosas y las ideas que algunos visionarios pudieron establecer en el papel y en la letra, han acabado por olvidarse, y nadie los respeta, sólo se les recuerda, para ciertos fines protocolarios de aún querer rescatar la identidad nacional. Pero la olvidamos, la reprobamos, y ya no la queremos, porque es más de buen gusto festejar el fútbol americano y cantar el himno del otro país que nos da todo. Por eso ya tantos se quieren ir mejor a vivir allá, nacionalizarse, y sentirse protegidos por la nación que comanda las ideas y los procesos.


Y seguimos viendo cómo echan todo a perder. Sus cuerpos, sus ideas y sus corazones.



Pero en el viento, sigue viviendo la fe, las ganas de vivir, por eso viajan tantas especies y sobreviven a tantos climas y al hombre mismo, por querer continuar la danza de la vida. Y el planeta ayuda aunque nadie se dé cuenta, aunque la soberbia del hombre de la civilización moderna esté cegado por vivir continuamente alrededor de los títulos, el dinero, la cartera y el buen vino.


Yo ya no quiero estar aquí. Quiero irme a un lugar donde tenga paz. Donde respire tranquilidad y nadie me quiera molestar. Quiero y creo en la gente, y creo en mi naturaleza de ser sociable, que amo también mi soledad pero siento las ganas de un día convertirse en más cosas, más trascendentales para la vida misma, como ser padre y ser esposo, como ser líder, cómo ser más luz y de aportar con mi voz y mi letra, sustancias para una vida mejor.
Y que aún aquí, en esta etapa de mi vida, pueda resolver no terminar echándolo todo a perder.

Erick Xavier Huerta

Comentarios

Entradas populares de este blog

México es un país estresado.

La furia.

Una realidad preocupante.