despertar enamorado
Ella es una incógnita, es un sueño, es la premeditación de la grandeza del por venir. Ella significa camino, la única luz que se ha presentado en un momento donde parecía que yo no encontraba destino ni que auguraba felicidad en el futuro, y que todo lo que definía mis actos eran carentes de sentido, carentes de trascendencia. Ella vino a ser la luz en mi oscuridad, y por ella he vivido los últimos días deseando estar a su lado.
Ella no perece en mi pensamiento. Ella me visita continuamente en mi imaginación. Ella quiere estar conmigo, y me persigue en mis delirios, en mis anhelos. Ella continuamente me llama, no sólo con los ojos, sino con el alma, con su imaginación, con su querer, con su frustración. Nos separa solo el miedo, la tiranía de las fronteras que creamos en nuestra mente. Estamos tan cerca, tan distantes, en el mismo cuadro, pintados en la misma colonia, el mismo lugar, llamados por el deseo del mismo cielo, que cobija nuestros pasos, nuestro andar. Y ella no desaparece, ella me llama, me sueña en las estrellas de este plácido lugar que cambia constantemente.
«No supe entretejer las señales de sus ojos, cuando me llamaban a irla a besar, cuando me expresaban querer estar conmigo. Creo que fue el menosprecio que tengo por mí, que ya no confío en el merecimiento que otro corazón tiene por mí, que me gusta y me quiere, que desea abrirse y mostrarme sus pinturas, los colores de sus obras magníficas. Creo que al final, el culpable de todo, soy yo. Y pido perdón, tengo una sensación de hacerlo, porque me siento culpable, me siento aquel que carga con la miseria de no haberse fijado en las señales, mostradas por sus ojos, por su brillo, todo por causa de mi miedo y de la miseria que he cargado. Tengo miedo.»
Ahora creo que a pesar de todo, esto debe funcionar. Y creo que no es fortuito, estar soñando con ella y su voz, y su deseo, acariciándonos en una realidad paralela, que ahora mismo nos aprecia haciendo el amor. «Puede funcionar esto» me susurra el eco de mi alma, induciéndome a que esté esperando, preparado para recibir nuestro amor. ¿Cómo puedo explicar la realidad metafísica, el lugar donde nos conectamos más allá de nuestros cuerpos? Y despertamos desnudos, y la miro y la siento y nos dejamos abandonar por la pasión. Susurro entre sus pechos mi fuego, mi querer, y la miro, cerrando y abriendo los ojos, dando gracias, mirando al cielo, y luego regresa su mirada hacia mí, admira y me quiere, me desea, me anhela, me cela.
No quiero pensar más en ella, y suena como eco. Me persigue en toda mi existencia. Jamás ha estado tan presente en mi corazón como ahora.
No sé dónde esté, no sé qué pueda estar haciendo y puedo asegurar que debo mis pensamientos en este momento porque ella indica un gran deseo en su corazón por estar junto a mí. Incluso me imita, y tiene miedo, y tiene razón en tenerlo. Tenemos temor a hacernos daño, a que no funcione, a que duela el corazón, por algo que pueda fallar, que no es concluso, correcto, perfecto. Pero nos amamos, y justo ahora tengo la certeza de que funciona. Me lo dicen todos los sabios que he conocido, y cuando viajo a los adentros de mi corazón, y encuentro el origen de los pensamientos, surge ella, y siento su piel, su boca, y allí el amor nos envuelve y nos pierde. Nada perece allí, en el origen de la vida.
No sé, ni puedo encontrar la forma más correcta de explicar esto que me pasa, que me sucede, pero así es. Es como si algo dictara justo lo que va a pasar, para que esté preparado en el momento de viajar y dejar la promesa latente de volver por ella, para irnos por siempre. Y funcionará, porque estaremos lejos, siempre juntos, amando y viendo los amaneceres desnudos, disfrutando la noche con vida en el fuego de nuestros cuerpos.
Ya lo he pensado. Admiro muchas bellezas, pero me siento saciado de sólo mirarla a ella, de sentir sus ojos sobre mí, siguiéndome, incluso a veces fingiendo ella que no me ve, para celarme, para llamar más mi atención. Incluso desaparece de mi realidad por eso. Y creo, que no era una luz sólo para sobrevivir en una etapa de mi vida. Creo que su luz perdura en mi corazón, y que ahí ya me he abandonado porque el amor es sincero.
Sé que soñarnos al mismo tiempo es denominación del amor prescrito, la pasión que ha jugado con nuestros caminos, nuestros destinos, que nos junta y que a pesar de toda la fuerza, seguimos distanciados. Pero nos reuniremos, antes de mi partida, para prometer eso, el regreso, nuestra unión, por siempre, la que acaricia nuestra piel y que nos hace felices.
He despertado enamorado, soñando con ella, pensándola, teniendo su nombre tan presente en mis adentros sin poderme deshacer de las ganas que me dan escribir para ella por siempre.
No somos perfectos, pero sentimos amor. Creemos en nosotros, nos llama algo que desconocemos, nos llama algo a querer estar juntos y lo sabemos, y todos lo escuchan, y todos lo esperan ver.
«El eco de tu nombre dentro de mi corazón, no perece, en tu afán de llamarme, más allá de tus ojos, de tus frustraciones que te detienen, te has abandonado a tus sueños, y eso es puro, y eso me conmueve, mi nombre, mi amor, mi querida, por siempre jamás, en los terrenos donde no morimos, nos transformamos para siempre, en la eternidad, donde te quiero más».
Eso es despertar enamorado. Latente el sonido de tu nombre aquí en mi pecho. Te espero en los designios. Te escucho allá en el futuro, te oigo aquí, resuenan tus gritos anhelando estar conmigo. Yo también te comprendo, y te pido disculpas si fui tan tonto para no darme cuenta del brillo en tus ojos, que no supe corresponder a tiempo.
Erick Xavier Huerta S.
Ella no perece en mi pensamiento. Ella me visita continuamente en mi imaginación. Ella quiere estar conmigo, y me persigue en mis delirios, en mis anhelos. Ella continuamente me llama, no sólo con los ojos, sino con el alma, con su imaginación, con su querer, con su frustración. Nos separa solo el miedo, la tiranía de las fronteras que creamos en nuestra mente. Estamos tan cerca, tan distantes, en el mismo cuadro, pintados en la misma colonia, el mismo lugar, llamados por el deseo del mismo cielo, que cobija nuestros pasos, nuestro andar. Y ella no desaparece, ella me llama, me sueña en las estrellas de este plácido lugar que cambia constantemente.
«No supe entretejer las señales de sus ojos, cuando me llamaban a irla a besar, cuando me expresaban querer estar conmigo. Creo que fue el menosprecio que tengo por mí, que ya no confío en el merecimiento que otro corazón tiene por mí, que me gusta y me quiere, que desea abrirse y mostrarme sus pinturas, los colores de sus obras magníficas. Creo que al final, el culpable de todo, soy yo. Y pido perdón, tengo una sensación de hacerlo, porque me siento culpable, me siento aquel que carga con la miseria de no haberse fijado en las señales, mostradas por sus ojos, por su brillo, todo por causa de mi miedo y de la miseria que he cargado. Tengo miedo.»
Ahora creo que a pesar de todo, esto debe funcionar. Y creo que no es fortuito, estar soñando con ella y su voz, y su deseo, acariciándonos en una realidad paralela, que ahora mismo nos aprecia haciendo el amor. «Puede funcionar esto» me susurra el eco de mi alma, induciéndome a que esté esperando, preparado para recibir nuestro amor. ¿Cómo puedo explicar la realidad metafísica, el lugar donde nos conectamos más allá de nuestros cuerpos? Y despertamos desnudos, y la miro y la siento y nos dejamos abandonar por la pasión. Susurro entre sus pechos mi fuego, mi querer, y la miro, cerrando y abriendo los ojos, dando gracias, mirando al cielo, y luego regresa su mirada hacia mí, admira y me quiere, me desea, me anhela, me cela.
No quiero pensar más en ella, y suena como eco. Me persigue en toda mi existencia. Jamás ha estado tan presente en mi corazón como ahora.
No sé dónde esté, no sé qué pueda estar haciendo y puedo asegurar que debo mis pensamientos en este momento porque ella indica un gran deseo en su corazón por estar junto a mí. Incluso me imita, y tiene miedo, y tiene razón en tenerlo. Tenemos temor a hacernos daño, a que no funcione, a que duela el corazón, por algo que pueda fallar, que no es concluso, correcto, perfecto. Pero nos amamos, y justo ahora tengo la certeza de que funciona. Me lo dicen todos los sabios que he conocido, y cuando viajo a los adentros de mi corazón, y encuentro el origen de los pensamientos, surge ella, y siento su piel, su boca, y allí el amor nos envuelve y nos pierde. Nada perece allí, en el origen de la vida.
No sé, ni puedo encontrar la forma más correcta de explicar esto que me pasa, que me sucede, pero así es. Es como si algo dictara justo lo que va a pasar, para que esté preparado en el momento de viajar y dejar la promesa latente de volver por ella, para irnos por siempre. Y funcionará, porque estaremos lejos, siempre juntos, amando y viendo los amaneceres desnudos, disfrutando la noche con vida en el fuego de nuestros cuerpos.
Ya lo he pensado. Admiro muchas bellezas, pero me siento saciado de sólo mirarla a ella, de sentir sus ojos sobre mí, siguiéndome, incluso a veces fingiendo ella que no me ve, para celarme, para llamar más mi atención. Incluso desaparece de mi realidad por eso. Y creo, que no era una luz sólo para sobrevivir en una etapa de mi vida. Creo que su luz perdura en mi corazón, y que ahí ya me he abandonado porque el amor es sincero.
Sé que soñarnos al mismo tiempo es denominación del amor prescrito, la pasión que ha jugado con nuestros caminos, nuestros destinos, que nos junta y que a pesar de toda la fuerza, seguimos distanciados. Pero nos reuniremos, antes de mi partida, para prometer eso, el regreso, nuestra unión, por siempre, la que acaricia nuestra piel y que nos hace felices.
He despertado enamorado, soñando con ella, pensándola, teniendo su nombre tan presente en mis adentros sin poderme deshacer de las ganas que me dan escribir para ella por siempre.
No somos perfectos, pero sentimos amor. Creemos en nosotros, nos llama algo que desconocemos, nos llama algo a querer estar juntos y lo sabemos, y todos lo escuchan, y todos lo esperan ver.
«El eco de tu nombre dentro de mi corazón, no perece, en tu afán de llamarme, más allá de tus ojos, de tus frustraciones que te detienen, te has abandonado a tus sueños, y eso es puro, y eso me conmueve, mi nombre, mi amor, mi querida, por siempre jamás, en los terrenos donde no morimos, nos transformamos para siempre, en la eternidad, donde te quiero más».
Eso es despertar enamorado. Latente el sonido de tu nombre aquí en mi pecho. Te espero en los designios. Te escucho allá en el futuro, te oigo aquí, resuenan tus gritos anhelando estar conmigo. Yo también te comprendo, y te pido disculpas si fui tan tonto para no darme cuenta del brillo en tus ojos, que no supe corresponder a tiempo.
Erick Xavier Huerta S.
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