La permanencia del hombre enamorado
Estoy muy enamorado y lleno de sueños, pero inmerso de miedo, desconfiado de mi propia intuición, porque a veces, en ocasiones anteriores, las cosas no han sido las pinturas que uno ha imaginado.
Estoy muy enamorado de mis propias ideas, de una cosa que suele suceder, que se anuncia pero no acaba de concluir, de aparecer, de gestar su actuación.
Tengo celos, estoy enamorado, y ella sigue siendo la única luz en el camino, una premonición, un cuento inesperado y gozoso de saber el final, el desenlace, el giro, la nueva aventura para los dos.
Estoy muy enamorado, peor tal vez sea ese el estado natural, mi condición básica por ser un artista, un creador. Si no estoy enamorado, no puedo crear, no puedo soñar, no puedo volar más allá de las nubes, no puedo trascender los cielos e inmiscuirme dentro del manto del universo y poder llegar así al sol.
Anoche he soñado otra vez con ella, sembrando palabras en el campo de mis ideas, amando, amándola, sintiendo y recordando su beso en mi mejilla y mi parálisis, mi miedo ante lo desconocido, al amor que desconozco.
Y estoy solo, desamparado sin poder compartir mis bellos sentimientos a mis amigos, a mis padres y a mis familiares.
Esto se ha convertido en un secreto, y el amor quema, guardado, en el baúl del corazón.
Pero siento eso, cuando la veo, cuando me ve, cuando nos reencontramos, cuando nos andamos buscando en sueños y logramos coincidir en este plano terrenal, en los círculos donde bailamos, pero nos guarda el miedo, nos paraliza el orgullo; aunque, poco a poco, nos vamos acercando más y sentimos los labios en nuestras mejillas y el galopante aguerrido paso del corazón que desea unirse y sentir caricias. Lo siento, lo premedito, y me duele estar separado. Lo veo en sus ojos, en el brillo de sus ojos y su coqueteo cuando finge ignorar mi presencia.
Lo presiento, y ahora ya pronuncia mi nombre y se alegran sus ojos cuando me ven y cuando le piden que se acerque y ella pierde el miedo y me abraza y me quiere y me desea y me ama, muy profundamente.
Ella es mía en mis sueños, y yo la sigo soñando y nos encontramos en varias circunstancias y vuelvo a apostar al amor eterno, a la sensibilidad de poder ganarlo todo y de aquí se desprende todo mi destino y el futuro. Estoy cansado de estar solo y mis labios le exigen sus besos. Le exigen en mi sueño, toda mi alma y mi espíritu poder hacer el amor en los campos de nuestros territorios sin fronteras, en los senos y confines de la libertad, en su pasión y en mi agonía existencial, en la bendición de los dioses. Porque no hay coincidencia de quien unió y consagró nuestras vidas, haya aparecido otra vez, nos haya reunido y haya otra vez, bendecido nuestras vidas. Y eso es una señal, eso es todo lo que hay que saber de eso, del amor, del querer, de apasionarse, de los besos que no llegan, que suspiran por concertarse en los cuerpos y en la piel.
Admiramos y gustamos nuestros olores, y aún nuestros ojos tiemblan cuando queremos conectar nuestras miradas.
Porque ella no es coincidencia que haya hecho eco en todo el trayecto de mi vida. Ella es el sonido que se repite constantemente a través de mi recorrido por los mundos de este planeta. Ella es mi amor y mi querer, mis nuevos versos, mi nueva esperanza, el nuevo amor, la nueva historia, la nueva aventura, el ciclo que se cierra y que abre la puerta a continuar la historia de los mejores versos cuando habremos de compartir los amaneceres, los atardeceres, la noche, la luna, las estrellas, el frío y el calor y la bendición de dios.
Dios nos persigue, y dios nos enseña. Dios nos cuida, dios nos alberga en su seno, dios está contento por mis sentimientos nobles y puros.
Aún llego a sentir pena por mi frustración, que tiene dejos, rastros, huellas en mi vida. Pero ya no es así, porque el brillo sigue su curso, y el agua alcanza su nivel y todo sigue su curso y emano amor y soy amor y continuo escribiendo la bella historia de la creación y la contracción y expansión de la conciencia, y el amor.
El amor está repleto de estrellas, y el cielo se torna morado, y los sueños se materializan, y llueve, y cae y se bendicen todos, y el mal acaba y las miradas fijan sus puntos en el origen del amor. Y entonces vuelvo a nacer, porque nos hemos despertado y no hay distracciones. Nos hemos encontrado y es un hecho, y nuestro amor está próximo a las sábanas, y a nuestros abrazos, nuestras caricias, nuestros susurros, nuestros besos en los oídos, nuestra saliva por nuestros cuerpos, nuestra pasión y nuestra trascendencia. Nuestra historia de amor, bendita por la fuerza, por el coraje y por la voluntad. Los consentidos de dios.
Los amados por el destino.
No gustamos en el tiempo permanente, pero amamos, nos queremos, nos adoramos en la inexistencia del tiempo.
Y siento sus besos.
Siento su emoción por encontrarme, por buscarme incesantemente con la mirada, la misma que lo ha hecho desde hace tiempo.
Nos hemos encontrado.
Y es tiempo de amarnos.
Nuestros besos están por llegar al contacto de los labios y luego los cuerpos.
El amor ha despertado,
y ya nada será igual.
El amor escribe.
Erick Xavier Huerta Sánchez
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