COMPETENCIA
La competencia nos hace cabrones, fuertes y con frustraciones cuando perdemos, sin nada saludable más que el fijo objetivo de ganar a cualquier costa sin ningún remordimiento, queja o sentido del deber del bien. La competencia arroja a unos a la conformidad, y a otros a la guerra hasta perder la vida por un triunfo. La competencia nos induce a querer estar siempre arriba a como de lugar. La competencia despierta envidias y deja ciegos a los impotentes, que no han podido prepararse lo suficiente para ir al campo de batalla. La competencia te obliga a la superstición y a la suplica, al lamento y a caer de rodillas cuando no tienes lo suficiente para dar; cuando no eres digno contendiente. La competencia es un acto pueril donde perdemos toda la humildad. Tal vez al subir al estrado nos damos cuenta de que la grandeza siempre querrá ser rebasada por la ambición. La competencia nos hace arrogantes y nos invita a estar lejos de Dios. Pero. Sin competencia no habría límites que re...