Cuando la vi pasar.

Ya me había ido por lugares desconocidos.
Ya había intentado olvidarle y el destino, no deja en paz la desdicha que me ocasionó perderla, de habernos separado más en el poco tiempo de poder intentar, consumar, algo de esta grandeza que sienten los seres.

Mis pasos los di en dirección de huida, hacia el norte y aún así continuaba soñando con ella...fue el amor de mi vida y el mundo fue testigo de cualquier plegaria, de tantas noches en vela, de la imaginación y lucha por escudriñar su corazón, por hacerle ver que mis amores tenían fuertes designios de ser, un alma gemela.

Andaba tranquilo por las veredas de otras tierras...andaba consciente de sus pasos y en un instante, se presentó delante, paso por allí en el mismo sitio que presenciaba. Y mis ojos la vieron, miraron una vieja herida y recordé todo...
                       Los sueños, mi alegría por haberla visto en esta existencia. 
                       Su cabellera, la sonrisa del sosiego, el brillo en la vista y su misterio que no me permitía saber si ella sentía lo mismo.
Soñé muchas veces con ella, me quitó noches, alimentó mis días. Fue mi más grande pasión y nunca pude aventurarme a decirle que mi soledad quedó muerta, que el único por venir que quedaba era tomar su mano y caminar hacia el final de los días en la profunda contemplación de mi entidad por verla para siempre, impregnada en una fusión de amores; el suyo, el mío, el nuestro.

Todo se redujo a ese instante. Mi concentración terminó, el tiempo se detuvo...miré y todo fue al comienzo, regresé donde estuve, volví a los fundamentos de haber nacido, regresé con el propósito de darme cuenta que todo lo que debí. Y simplemente quedé en frío de verla pasar al horizonte y ya no saber otra vez de ella. Quedé con la esperanza, nuevamente, de tener otra oportunidad.

   Olvidar una mujer, como esa que yo he amado desde que le conocí, no basta con hacer literatura, no basta con el recurso de la palabra....nunca pude hacerlo.
Mi constancia queda en mi vivir, en el universo y, sin duda, los vientos le trajeron a mí, nuevamente, en una especie de magia, del destino. No sé, el amor enterrado germinó en cosas más bellas al mirarla nuevamente, tuve oportunidad de volver a despertar; y decir te amo, hoy, resulta casi inadecuado, poco equiparable a un sentimiento que ya no puede encerrarse en la palabra, en el concepto, en la expresión de la lingüística y de la oración.

Guardaré del infinito, esperaré pacientemente y mis amores estarán aquí, esperándote.


EXHS

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