La tierra después del mar.
—Me gusta el camino. —Me gusta confundirme. —Me gusta carecer del mapa. Tú construyes el cartógrafo, tu pintas las líneas para regresar a casa. Tú, eres basto, tú eres. Tú eres la historia. Tú eres el recuerdo. Tú eres la memoria olvidada, la melancolía, la desgracia de no saber, de perder las ideas, las fotografías, las imágenes, la esencia, la historia. Perdemos la historia, carecemos de sentido, somos fieles vulnerables a irnos, sin decir adiós. No le dije que la quería. No te dije «te quiero». No te dije que te adoraría. No me acordé de tus ojos, ni de tu piel. No me acordé que estabas pintada como con un pincel, suavemente, tersa, oscilando. Eres, la pintura, el cuadro colgado en mi cuarto. Pintura de óleo, pinturas, eres, aceite, color, partituras castañas, dejos de otoño, viento, cielo celeste. Yo soy mi propio demonio. Eres, sin ropa, los escritos que quedaron en el desván, ya viejo, cuando escribía, sin poderme acordarme de ti, sin poder recordar, sin poder hallar...